Revista de Análisis Plural

Entrevista a Roger Guasch, director general de la fundación GTL

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ROGER GUASCH. Director general de la Fundació del Gran Teatre del Liceu

«No debemos perder el valor social del Liceu»


 
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Usted asumió la dirección del teatro en 2013, cuando la situación económica del Liceu había tocado fondo. Con su plan de viabilidad 2014-2017, busca sanear la economía de la entidad y conseguir que el Liceu se mantenga entre los mejores teatros de ópera del mundo. ¿Qué acogida ha recibido?
Al principio había muchas reticencias. Mi primer trabajo, el día que me nombraron por la tarde, era ver cómo pagaba las nóminas. La desconfianza de los bancos era enorme porque veníamos de una época con una gestión no adecuada para el entorno de crisis. Hemos tenido que poner mucha transparencia y seriedad en la gestión para demostrar que lo hacemos bien y que la gestión de la cultura no tiene por qué ser deficitaria. Como cualquier empresa, debemos innovar: una empresa que no innova, muere. O innovamos, o seremos un teatro de tercera. Pero si sólo innovas, también mueres, porque no puedes pagar las facturas. Por lo tanto, tenemos que buscar el equilibrio entre tener productos de una gran excelencia, como la Norma que hemos hecho ahora, y otros más innovadores.

El mecenazgo es clave para el Liceu. ¿En qué situación se encuentra?
Es un tema muy complicado donde intervienen muchos factores. De entrada, el mecenazgo clásico del Liceu viene de la época de la reconstrucción. Ahora hay un cambio generacional en las empresas que nos apoyan. Los intereses de los nuevos gestores no son los mismos que los de los padres o de los primeros accionistas. Luego, debemos tener en cuenta que muchas empresas se han abocado a proyectos sociales y la cultura ha quedado relegada. Aquí es donde tenemos que trabajar. La cultura es un gran proyecto social, porque la sociedad evoluciona cuando la cultura evoluciona. Por último, tenemos que conseguir que las empresas entiendan que la sociedad civil tiene que volver a ser el motor de nuestras instituciones.

Quieren apostar también para atraer más turistas. ¿Como van los ingresos procedentes de este sector?
Es todo un proceso. De entrada hemos recuperado la marca Liceu, que había quedado algo dañada. Además, estamos haciendo una campaña fuera con operadores, agencias especializadas… No sólo para el turismo de paso, sino que queremos llevar gente que busca música. Lo que pasa es que esto lo trabajas hoy y hasta que no entras en sus circuitos, tardas un año o año y medio.

También quieren cerrar acuerdos con otras entidades culturales del país.
Sí, hacemos una operación de la mano de Barcelona Global para juntar el Palau, l’Auditori, el Liceu… con el fin de programar semanas de música para los heavy users. Todo ello sin pisarse unos a otros.

¿Qué situación ocupa el Liceu actualmente en el marco de los teatros operísticos del mundo?
Estamos en el primer nivel. Con esto a los catalanes nos pasa como con el Barça: perdemos un partido y ya hemos perdido la Liga. En cambio, vas por el mundo y el Barça es súper valorado. A nivel internacional, el valor del Liceu se mantiene y los cantantes quieren venir, pero aquí nos gusta tirarnos piedras encima. Somos un gran teatro y, fuera, la tradición de ópera de Barcelona se nota.

Para terminar, ¿cómo valora el peso del Liceu en la sociedad catalana?
El Liceu nace de la sociedad y este sentimiento está muy arraigado en Barcelona y Cataluña. El Real, en cambio, nace de las instituciones y hacia la sociedad. No debemos perder el valor social del Liceu porque es lo que hace que, cuando caes, te vuelvas a levantar una y otra vez, porque la gente lo lleva en el ADN. En el Liceu convive gente que va con vaqueros y gente con esmoquin. Es bueno que vengan todos. No somos un teatro elitista, hay precios desde 12 euros hasta las entradas más caras, porque la ópera es muy cara. Kitej tenía 400 personas cada noche funcionando. Esto cuesta mucho dinero. El Liceu es un buque insignia de la vida de Barcelona, de Cataluña y a nivel estatal. Debemos dar importancia a la internacionalidad del Liceu, conseguir que sea una gran potencia de teatro de ópera que abra las puertas de Barcelona y de nuestro país, para que la gente venga y se interese por nuestra cultura.
 
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