Revista de Análisis Plural

España federal: más ventajas económicas

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Un buen puñado de países democráticos avanzados son Estados federales, como los Estados Unidos de América, Alemania, Canadá, Bélgica y Suiza. En cambio, todas las dictaduras son estados centralistas. España no es un país tan descentralizado porque hay una recentralización que genera más ineficiencia y mayor ineficacia.

Xavier Torrens. Profesor de Ciencia Política en la UB. Politólogo y sociólogo.


Continúa el debate público sobre el ‘procés’ catalán y se mantiene la casi inexistente reflexión sobre las grandes ventajas económicas de disponer de un Estado federal. Unos a otros se hacen reproches partidistas y alimentan polémicas estériles en lugar de abordar una discusión seria, académica y profesional sobre por qué la descentralización contribuye a un mayor crecimiento económico en los países democráticos.

Convendría que las élites económica y política españolas se dieran cuenta de que si el federalismo funciona bien en el principal país del mundo, Estados Unidos, y en el principal país de la Unión Europea, Alemania, entonces también puede funcionar bien en España

Aeropuertos centralistas
Bastaría con un solo ejemplo para entender que la descentralización aporta beneficios económicos en los países federales. La gestión aeroportuaria en España sufre el centralismo y se hace siguiendo el modelo centralista de Francia. Esto causó que, desde el Gobierno, se tomara la decisión política de construir aeropuertos ineficientes y bastante vacíos, como Castellón, Huesca-Pirineos, Ciudad Real, Lérida, Vitoria, Madrid-Cuatro Vientos, Córdoba, Logroño, Vigo, Burgos, León, Salamanca, Granada-Jaén, Almería, Jerez y un largo etcétera.
El centralismo ha causado que se creen aeropuertos por doquier porque nadie se ha hecho responsable políticamente del despilfarro, y, en algunos casos, incluso, malversación en la construcción de estas infraestructuras.

Aeropuertos federales
En cambio, si España fuera un Estado federal y el aeropuerto de Barcelona-El Prat estuviera gestionado, no desde Madrid, sino desde Barcelona, ya sea por la Generalitat de Catalunya, por un consorcio público-privado, por una empresa privada o por una empresa pública autonómica-municipal, entonces el aeropuerto de Barcelona podría crecer con más eficiencia y eficacia, como ocurre en el aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, el más transitado de Estados Unidos. Pero, para que esto ocurriera, sería necesario que en España existiera una cultura política federal.
El federalismo existiría en España si se aceptara como normal que el aeropuerto Barcelona-El Prat llegara a tener más número de vuelos y pasajeros que el aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez. En eso consiste ser un Estado federal.

Corredor del Mediterráneo
Una de las muestras más claras del centralismo político español es la surrealista propuesta de que el Corredor Mediterráneo pase por Madrid. Esta infraestructura debería ser una realidad improrrogable, dado que supondría claros beneficios económicos, tanto para el sector turístico como en el plano cultural y a nivel industrial. Pero la empresa pública Adif pretende que el Corredor Mediterráneo sea literalmente la “conexión entre Madrid y Europa” (sic). Esto es impensable en un país federal.
Washington jamás podría tomar la decisión política de prohibir, obstaculizar o impedir que las sedes de la Coca-Cola, Delta Air Lines y la televisión CNN estén en Atlanta, Georgia, un Estado americano sureño. Pues bien, la pretensión de una empresa pública como Adif de hacer pasar el Corredor del Mediterráneo por Madrid sería como si el Gobierno de Estados Unidos hiciera lo imposible para trasladar a Washington la CNN, Delta Air Lines, la Coca-Cola y la gestión del aeropuerto de Atlanta.

Recentralizar España
En Estados Unidos a nadie se le ocurre frenar políticamente desde Washington D. C. el motor económico de California, Texas o Nueva York. Pero esto es lo que hace España cuando frena el autogobierno de Catalunya y Euskadi con la recentralización del Estado autonómico.
Convendría que las élites económica y política españolas se dieran cuenta de que si el federalismo funciona bien en el principal país del mundo, Estados Unidos, y en el principal país de la Unión Europea, Alemania, entonces también puede funcionar bien en España.

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