Revista de Análisis Plural

Ciudades inteligentes en Europa: ¿cómo se transforman?

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El 78% de los europeos vive en ciudades, donde también se genera el 85% del PIB de los Veintiocho. Y ahora es donde la Unión Europea quiere centrar también la lucha contra el cambio climático hacia una transición energética y hacia una economía más competitiva. La UE aprobó recientemente unos estrictos requisitos para mejorar la importancia de las energías renovables en una década. Pero la presencia de una economía más verde pasa necesariamente por ciudades también más sostenibles. Por ello, entre sus objetivos, también quiere potenciar las conocidas como Smart Cities.

Texto: Esther Herrera


Este tipo de ciudades ofrecen servicios más eficientes gracias a las tecnologías digitales y de telecomunicaciones. “Se trata de hacer un mejor uso de los recursos y que haya menos emisiones”, explican desde la Comisión Europea. Significa redes de transporte urbano inteligentes, mejorar el suministro de agua de eliminación de residuos o también aplicar iluminación más eficiente de los edificios gracias a la energía solar o sistemas de calefacción y refrigeración menos contaminantes.
Mejorar las infraestructuras, las tecnologías y los servicios, como el transporte, de una forma ‘inteligente’ puede tener un gran impacto en “la calidad de vida, la competitividad y la sostenibilidad de las ciudades”, explica el Ejecutivo. Según cálculos comunitarios, en 2020, el potencial crecimiento que puede tener para la economía global la inversión en ciudades inteligentes es de 1.300 billones de euros. Sin embargo, la fragmentación del mercado provoca que no se pueda llegar a este potencial, lamentan desde la institución, por eso quisieron apoyar una iniciativa en la que todo el que quiera involucrarse en las ciudades inteligentes lo pueda hacer, sin tener que depender de las excesivas restricciones de los presupuestos de los países.

Catherine Sabbah, experta del think tank German Marshall Fund, considera positivo que haya proyectos que estén conectados con el sector privado, pero “lo más relevante y natural debería ser la implicación del sector público, y especialmente de las universidades” 

Una alianza que suma
Así, en 2012, el Ejecutivo comunitario apoyó la creación de la Alianza Europea para la Innovación de las Ciudades Inteligentes y las Comunidades (EIP-SCC, en sus siglas en inglés), para que las ciudades cumplan con los conocidos como objetivos 2020: reducción del 20% de emisiones de CO2, incremento de un 20% de energía eléctrica renovable y un aumento del 20% del transporte público sostenible en las ciudades. Todas las ciudades que quieran formar parte del proyecto se reúnen en esta alianza, en la que participan empresas del sector, industria, empresas de investigación y entidades que pueden ofrecer financiación, como el Banco Europeo de Inversión (BEI), la Comisión Europea, bancos comerciales o instituciones nacionales de financiación. El último encuentro fue el pasado junio en Sofía (Bulgaria) donde se reunieron para compartir buenas prácticas o ideas sobre cómo continuar desarrollando las ciudades inteligentes. Actualmente, la Alianza cuenta con 6.000 miembros de 31 países diferentes (todos los de la UE, y también Albania, Turquía y Bosnia-Herzegovina). Entre los últimos proyectos aprobados, por ejemplo, se encuentra la creación de estaciones para recargar los coches eléctricos en la ciudad de Barcelona, con un presupuesto de un millón de euros. Los proyectos que se aprueban pueden ser con fondos públicos y/o privados, segundas las necesidades de cada ciudad.
Catherine Sabbah, experta del think tank German Marshall Fund, considera positivo que haya proyectos que estén conectados con el sector privado, pero “lo más relevante y natural debería ser la implicación del sector público, y especialmente de las universidades”, defiende. Según Sabbah, las universidades permiten “ayudar al sector público a utilizar la tecnología, y no sólo bajo una óptica de lógica comercial, y esto permite que la tecnología inteligente sea en beneficio de los ciudadanos”. Asimismo, también considera que se debe hacer una diferencia: “Parece que todas las ciudades son inteligentes porque incluyen diseño o utilizan inteligencia artificial”, explica Sabbah. Según la experta, las ciudades deben ser consideradas “inteligentes” cuando “se produzca una verdadera transformación gracias a todos los servicios”.

Uno de los mayores riesgos que afectan al desarrollo de las Smart Cities, es que “tienen pocos incentivos” a la hora de aplicar las nuevas tecnologías, ya que “deben asumir las pérdidas” en caso de un fracaso. (Joshua New, experto del think tank Center for Data Innovation) 

Riesgos
Por su parte, Joshua New, experto del think tank Center for Data Innovation, alerta de que uno de los mayores riesgos que afectan al desarrollo de las Smart Cities, es que “tienen pocos incentivos” a la hora de aplicar las nuevas tecnologías, ya que “deben asumir las pérdidas” en caso de un fracaso, por lo que cree que es necesario que se invierta más en I+D. Pero también recuerda los éxitos que da a la ciudad, y pone como ejemplo el caso de Santander, que “ha sido capaz de reducir un 25% los costes de la luz, implementando semáforos que se apagan cuando detectan que no hay ningún coche”. Y recuerda que “los gobiernos nacionales deben reconocer que las ciudades no pueden actuar solas en la transición hacia ciudades inteligentes”. Por ello, cree que “las leyes nacionales que complementen iniciativas municipales podrían ayudar en el liderazgo por el desarrollo de ciudades inteligentes”, argumenta.

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