Revista de Análisis Plural

La globalización después del coronavirus: una primera aproximación

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La incidencia del COVID-19 sobre muchos aspectos de la globalización tiene aspectos obviamente novedosos, pero asimismo incide en tendencias ya iniciadas con anterioridad, con especial importancia en la pieza crucial que son las cadenas globales de valor.

Juan Tugores Ques. Catedrático de Economía de la UB.


A principios de 2020, los problemas en la llegada de suministros procedentes de una, por entonces, poco conocida (pese a su importancia) región china de Wuhan señalizó dos cosas: primero, que algo relevante estaba empezando a pasar, y, segundo, que las denominadas cadenas globales de valor eran un aspecto esencial de la forma en que funciona la producción en la moderna economía internacional, que se veía afectada – y transmitía – las incidencias generadas en cualquier lugar de la red mundial hacia el resto. No solo las disrupciones en las cadenas de aprovisionamiento tienen un papel destacado, sino que los viajes de negocios para supervisar/coordinar esas cadenas fueron una de las vías a través de las cuales la difusión del virus fue inicialmente más relevante.
Varios de los impactos sobre el escenario global tienen que ver con las experiencias del funcionamiento de las cadenas globales de valor en estos últimos meses. Por un lado, la constatación de que factores imprevistos podían debilitar la confianza en la fluidez de los suministros de algunos proveedores acentuó los incentivos a buscar – o al menos, tener previstas – alternativas o “planes de contingencia”. Depender menos de proveedores extranjeros, buscar alternativas en todo caso más diversificadas y a menudo más cercanas geográficamente (con una mayor dimensión “regional” y menos “global”) o disponer de planes para reorganizar la producción de forma más flexible y rápida, están siendo algunas de las dimensiones de estos planteamientos. Por otra parte, en algunos tipos de productos que las circunstancias han convertido en especialmente sensibles, como los suministros de equipamientos sanitarios y médicos, reaparecen debates de larga tradición acerca de las vulnerabilidades que supone depender de unos proveedores “distintos y distantes” que en los momentos en que más se necesitan esos bienes pueden plantear dificultades o, simplemente, condicionar o cortar los suministros. Algunos episodios en los momentos más duros de la pandemia en que algunos contratos de aprovisionamiento de respiradores o mascarillas se han visto afectados han tenido amplio eco, acentuado las preocupaciones por la “resiliencia” de las cadenas de abastecimiento. Cabe recordar que en los debates acerca de las ventajas del libre comercio versus el proteccionismo que se produjeron en la Inglaterra de principios del siglo XIX y que dieron lugar a la formulación por parte de David Ricardo de la famosa teoría de las “ventajas comparativas”, el principal argumento contra el libre comercio se refería, precisamente, a la fragilidad en que dejaba, en materia de productos alimentarios u otros esenciales, a los países que habían renunciado a producirlos por sí mismos.

Varios de los impactos sobre el escenario global tienen que ver con las experiencias del funcionamiento de las cadenas globales de valor en estos últimos meses

¿Nuevas viejas dinámicas?
Pero asimismo debe destacarse, como ha hecho la edición 2020 del “World Investment Report” de UNCTAD (la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), que algunas cosas que están pasando y que continuarán en el futuro post-COVID acentúan y modulan dinámicas de fondo iniciadas ya con anterioridad. La figura 1, extraída de ese Informe, refleja las diferencias en las tres últimas décadas, con el ascenso de los indicadores de internacionalización en los años 1990 y principios del siglo XXI, el punto de inflexión que supuso la crisis financiera desde 2008-2009 y la ralentización desde entonces que condujo a referencias a “slowbalization”, o simplemente “desglobalización”, ya antes del coronavirus. Más allá de los datos, el documento de UNCTAD señala tres factores importantes. Por un lado los profundos cambios tecnológicos asociados a lo que se denomina la “cuarta revolución industrial”, con la robótica y la inteligencia artificial como aspectos más destacados (pero no los únicos). Por otra parte, las tensiones geopolíticas vinculadas en buena medida (pero, de nuevo, no exclusivamente) a la pugna entre Estados Unidos y China, que generan comportamientos que alejan del libre comercio y libre movilidad de capitales, dando lugar a la (re)aparición de un “managed trade” o comercio gestionado según los intereses de las grandes potencias. El Informe apunta adicionalmente a los requerimientos de los compromisos con la sostenibilidad, que se abrían paso – en unos casos con más convicción, en otros como mera declaración de principios – justo antes del estallido de los problemas del coronavirus ante los abrumadores datos de los costes, presentes y futuros, de no rectificar la degradación medioambiental. La aprobación del European Green Deal, en diciembre de 2019, sería un ejemplo de adopción reciente de compromisos cuya efectividad está por concretar en el nuevo escenario.

 

La aprobación del European Green Deal, en diciembre de 2019, sería un ejemplo de adopción reciente de compromisos cuya efectividad está por concretar en el nuevo escenario

Servicios inmateriales e intangibles: la globalización reformulada
Los efectos resultantes de estas tendencias son complejos y requieren interpretar con cautela algunos de los indicadores tradicionales de internacionalización o globalización. Hay casos en que algunas empresas que habían “deslocalizado” partes del proceso de producción buscando ubicaciones con salarios más bajos constatan luego que los robots pueden ser una opción todavía más económica e inducir así una “relocalización”. Pero, asimismo, adquieren importancia los casos en que la creciente facilidad para “impresiones en 3D” permite culminar la producción material de forma descentralizada, más cercana al usuario final. Estos procesos permiten, pues, “replicar” la producción a escala global con un alcance difícil de imaginar hace pocos años. Aunque, en ocasiones, los flujos de mercancías o de servicios tradicionales (transporte de mercancías, viajes) se están reduciendo, ello se contrapone al mucho más dinámico comportamiento de otros segmentos de flujos internacionales, desde los de paquetería (siendo el caso de Amazon el más conocido pero no el único) a los de servicios inmateriales e intangibles, desde algunas plataformas de ocio hasta los tecnológicos necesarios para la citada impresión en 3D o formas más sofisticadas de coordinar los “nodos” de las cadenas globales de valor en que estos aspectos ganan importancia. En conjunto, aunque algunos indicadores tradicionales de globalización pueden estar mostrando retrocesos, si se tienen en cuenta los aspectos no-materiales, desde la difusión de ideas a servicios intangibles, se constata que estamos yendo más bien a una reformulación importante de la globalización que a un simple retroceso. La figura 2 recoge, asimismo, con datos del World Investment Report, esa tendencia a una globalización reformulada más hacia “intangibles”.

Otra dimensión que gana relevancia es la referida a la “autonomía estratégica”: la voluntad de menor dependencia en sectores en los que la vulnerabilidad puede ser especialmente delicada

La autosuficiencia será un valor en alza
Como ya se ha apuntado, otra dimensión que gana relevancia es la referida a la “autonomía estratégica”: la voluntad de menor dependencia en sectores en los que la vulnerabilidad puede ser especialmente delicada. Los casos de alimentos o material médico son los ya citados más obvios, pero hay que tener en cuenta varias vertientes. Por un lado, que esta búsqueda de menor dependencia/fragilidad no implica necesariamente más proteccionismo sino varias posibles fórmulas de planes de contingencia, que incluyen vías de reconversión de la producción nacional en casos de emergencia. Por otra parte, la necesidad de mantenerse cautelosos ante abusos de las apelaciones a esas nociones: cabe recordar las referencias a la seguridad nacional utilizadas para tratar de justificar las medidas proteccionistas en Estados Unidos desde 2018. Y, desde la perspectiva europea, cabe añadir que para evitar que la UE quede en una difícil situación entre las pugnas chino-estadounidenses es especialmente importante una estrategia para posicionarnos en ámbitos de futuro, desde el 5G a las finanzas, pasando por los sectores de “manuservices” en que se combinan la mejor tradicional industrial con los más avanzados servicios de alto valor añadido. Los impactos de todos estos factores son profundos, aunque presentando rasgos específicos en los diversos sectores, desde los vehículos eléctricos a las actividades fintech, desde la provisión de energías (renovables o no) a los mencionados equipos médicos y el tema en marcha de las vacunas frente al COVID-19, por citar las referencias que utiliza el mencionado Informe de UNCTAD.

Reinventarse para encarar un proceso complejo
¿Qué lecciones básicas se pueden extraer de todo lo que está sucediendo? Podemos destacar dos líneas amplias, cada una de ellas con muchas derivadas. La primera, la globalización no es un proceso lineal de aumento de algunos indicadores de apertura o internacionalización, sino que adquiere unas dinámicas más complejas, con muchas más dimensiones relevantes: al fin y al cabo la globalización ha facilitado, paradójicamente, la difusión de la contaminación y de los virus que ahora la amenazan; y de forma más amplia, las dimensiones cada vez más inmateriales e intangibles de los procesos de producción y consumo ganan peso, también, a escala global. La segunda, todo ello obliga a reformular las estrategias tanto de las empresas como de las políticas públicas y, en el marco geopolítico actual, ello es especialmente importante para una Unión Europea que no puede quedarse atrapada en la pugna entre gigantes que desempeñan China y Estados Unidos.

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