Revista de Análisis Plural

Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): energías renovables

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Texto: FERNANDO GARCÍA ANDRÉS. Presidente del Colegio de Economistas de Cantabria.


Es sabido que un modelo de desarrollo socioeconómico deja de ser sostenible cuando, en el proceso de creación de riqueza y bienestar, se generan unos efectos negativos, especialmente de carácter medioambiental, que limitan el crecimiento del mañana. Dicho en términos positivos: el desarrollo de los pueblos es sostenible si satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones venideras de satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones de progreso. La acción del hombre no ha sido coherente con este principio a lo largo de su historia, pero especialmente desde el inicio de la industrialización, sufriendo las consecuencias del cambio climático y el calentamiento global.

En nuestro país, los productos fósiles —petróleo, gas y carbón— constituyen la fuente abrumadoramente mayoritaria causante de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Sin embargo, las dos próximas décadas del siglo XXI, van a registrar el cambio más profundo en las características del desarrollo económico mundial desde la invención del motor de combustión interna en la segunda mitad del siglo XIX, con el despliegue masivo de la energía eléctrica generada con fuentes renovables. Debiera ser la gran oportunidad para el desarrollo socioeconómico de nuestro país porque sus características la convierten en fácilmente incorporable a todas las regiones y territorios.

A fin de conseguir que la transición energética se convierta en una fuente importante de impulso al desarrollo económico sostenible, debe destacarse especialmente el extenso y bien documentado informe de propuestas llevado a cabo por la Comisión de Expertos de Transición Energética, de marzo 2018 y, un año más tarde, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima del Ministerio de Transición Ecológica, que contempla objetivos vinculantes cuantitativos coherentes con el conjunto de compromisos asumidos en la Unión Europea derivados del Acuerdo de París.

Gobiernos, empresas y sociedad civil hemos de ponernos de acuerdo para sacar adelante una energía limpia que, al mismo tiempo, se convierta en motor económico de aquellos lugares donde se implanta y donde encuentra diversos grados de resistencia social propios de la incertidumbre que acompaña al cambio. En este contexto, la transparencia y la ausencia de asimetrías en la información juegan un papel primordial en la mitigación del conflicto.

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