Revista de Análisis Plural

Entrevista a Joan B. Casas, decano del Colegio de Economistas de Cataluña

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En julio, el Consejo de Titulados Mercantiles de Cataluña y los Colegios de Titulados Mercantiles de Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona pasaron a formar parte del Colegio de Economistas de Cataluña, que Joan B. Casas preside. Desde que en 2008 el grueso de la sociedad despertó del sueño de la burbuja y descubrió que estamos endeudados, contamos con sectores con poco valor añadido y un gran déficit comercial, la economía ha salido del armario y el interés por esta disciplina se ha disparado. El decano del Colegio nos habla de cómo se presenta el 2015.

Texto: Neus Duran
Fotos: Cedidas


¿Dentro de cinco años habremos salido de la crisis o nos habremos adaptado a un nuevo paradigma?
Estamos en la fase previa de la recuperación. Tenemos claro que el proceso de remontada será muy largo y nos dejará problemas muy difíciles de solucionar, como por ejemplo, la incorporación de las personas que quedan tecnológicamente fuera del mercado del trabajo. Vamos hacia sociedades del conocimiento tecnificadas y con fábricas enteras robotizadas, y aunque siempre habrá sectores como el turismo capaces de absorber trabajadores, viene una transición hacia un modelo en el que los sueldos altos y estables requerirán elevadas competencias.

Cualquier reto pasa por las relaciones entre Madrid y Cataluña. Las transferencias determinarán unos presupuestos difíciles para el 2015 …
Los presupuestos catalanes dependen de un modelo de financiación caducado; en un 90% dependen de las transferencias que haga el Estado y de sus cálculos. El esfuerzo de la Generalitat para hacer cuadrar los números ha sido espectacular y admiro mucho el trabajo del consejero Mas-Colell, pero realmente los márgenes de acción de que dispone son muy limitados.

En cambio, en una hipotética Cataluña independiente, ¿cuadrarían los números?
Los presupuestos estarían equilibrados si pudiéramos recaudar todos los impuestos que pagamos al Estado. Economistas independientes han estimado que si el concierto vasco aplicara en Cataluña tendríamos unos ingresos adicionales de 10.000 millones de euros al año. Considerando que en el año que la Generalitat ha tenido más déficit fueron 8.000 millones de euros, hay capacidad para presentar unos presupuestos públicos equilibrados. En un período transitorio, las cosas podrían ser más complejas, pero a medio plazo la situación es claramente viable.

«Vamos hacia unas sociedades del conocimiento más tecnificadas y con fábricas enteras robotizadas.»


Imaginemos las perspectivas económicas de una Cataluña independiente. Aparte de la exportación y el turismo, ¿qué son los otros sectores estratégicos?
Cataluña, independiente o no, tiene unos puntos fuertes clarísimos. En primer lugar, somos una sociedad con un sector industrial muy potente que ha demostrado una gran capacidad de adaptación y una apertura al exterior clarísima. La mayoría de las innovaciones y de las exportaciones vienen del sector industrial, lo que implica que debemos apostar por reforzar y ampliar nuestro sector industrial manufacturero. Por otra parte, somos líderes en investigación básica y tenemos que conseguir que se convierta en investigación aplicada que permita la creación de nuevos productos de alto valor añadido. En tercer lugar, somos una potencia turística y debemos seguir siendo, gracias sobre todo a la fuerza de Barcelona, que dispone de una marca muy potente. Cuarto, el tema logístico: debemos potenciar unas infraestructuras portuarias, ferroviarias y aeroportuarias que hagan de Barcelona una base de recepción, transformación y exportación de mercancías que, junto con el Corredor Mediterráneo, nos convertiría en una zona de enorme atractivo logístico. Y, finalmente, tenemos un sector de servicios públicos y de educación, y especialmente el sanitario, de los mejores del mundo. Todo ello configura una economía diversificada, sólida y con muchas potencialidades. No se trata de deseos: son realidades. Y con estos ejes tendremos una economía que puede competir en el siglo XXI. Pero hay innovación e investigación, es necesario el Corredor Mediterráneo, hay que potenciar la industria y toca proteger la marca turística.

«Si el concierto vasco aplicara en Cataluña tendríamos unos ingresos adicionales de 10.000 millones de euros al año.»

Ya hace años que las empresas catalanas se han enfrentado a boicots por temas políticos, ¿cree que esto irá a más? ¿Habrá que enfocarse más en el exterior?
Desde un punto de vista económico, el boicot es una conducta irracional. Por existir boicot a un producto, éste debe ser finalista, fácilmente identificable y sustituible, condiciones que reducen mucho las posibilidades de éxito. Los estudios nos dicen que, en el caso de independencia, la incidencia en el PIB sería sólo transitoria y no pasaría de un 3% anual. Con el tiempo dejaría de tener efectos. En todo caso, lo que ha favorecido la orientación de las empresas catalanas en el extranjero más que los boicots ha sido el proceso de integración comunitaria y la caída de la demanda interior por la crisis.

Otro de los puntos de fricción con el Estado surge a raíz de la ley de comercio minorista catalán vs el modelo estatal. ¿Qué opina?
Es un tema complejo. Debemos combinar los intereses del consumidor con el mantenimiento de un modelo que evite la desertización de núcleos urbanos céntricos. Nuestro modelo debe adaptarse, no hacerlo desaparecer.

De cara al año 2015, ¿podemos ser razonablemente optimistas?
Podemos esperarnos una ligera recuperación. Europa tiene un problema de crecimiento muy lento que, a pesar de los bajos tipos de interés y la energía barata, termina afectando las exportaciones. En 2015 no será peor que el 2014. Habrá un crecimiento de cerca del 1,5%-2%, pero todo es aún muy débil. Si, por ejemplo, se produjera una crisis de tipo militar en el mundo o en una parte de Europa, el escenario podría cambiar por completo.

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