El futuro de Europa se juega en sus territorios. En un mundo fragmentado, la capacidad de emprender y reindustrializar define quién lidera y quién queda atrás. Europa enfrenta una encrucijada histórica. La fragmentación geopolítica global, el resurgimiento de nuevos proteccionismos y las disrupciones en cadenas de suministro han transformado radicalmente el panorama emprendedor.
CRISTINA ANDRÉS URARTE. Presidenta del Colegio Vasco de Economistas Vicepresidenta 2ª del Consejo General de Economistas de España
EUROPA EN LA ENCRUCIJADA: DE LA FRAGMENTACIÓN GLOBAL A LA COMPETITIVIDAD TERRITORIAL
Las empresas born global deben navegar marcos regulatorios conflictivos, barreras comerciales impredecibles y rivalidades geopolíticas que plantean tensiones severas para organizaciones globalmente expuestas. El Global Entrepreneurship Monitor (GEM España 2024-2025), el estudio más completo sobre actividad emprendedora mundial que analiza anualmente más de 50 economías, revela una tendencia preocupante: el 49% de los potenciales emprendedores mundiales evitarían iniciar un negocio por miedo al fracaso, incremento significativo desde el 44% registrado en 2019. Esta cautela creciente refleja un emprendimiento más sofisticado pero temeroso ante la incertidumbre geopolítica.
En este contexto desafiante, emerge una paradoja fundamental: mientras el mundo se fragmenta, los territorios que mejor articulen sus ecosistemas emprendedores obtendrán ventajas competitivas decisivas. La colaboración territorial, la especialización sectorial y la conexión internacional se convierten en factores determinantes del éxito empresarial. Europa necesita respuestas territoriales innovadoras que combinen identidad regional con proyección global.
EL ESPEJO ESTATAL: LIMITACIONES DE UN MODELO EMPRENDEDOR
Los datos del panorama estatal revelan limitaciones estructurales que contrastan marcadamente con otros territorios europeos. Según el informe GEM España 2024-2025, aunque la actividad emprendedora reciente crece al 7,2% tras cuatro años consecutivos de expansión, el país ocupa la última posición mundial en percepción de oportunidades para emprender. Esta debilidad estructural evidencia carencias profundas en cultura emprendedora e infraestructuras institucionales.
El perfil emprendedor es conservador y envejecido: el 70% emprende después de los 35 años, la intención emprendedora futura se estanca en el 11,2% de la población vasca, y predomina la concentración en servicios al consumidor sobre sectores industriales de mayor valor añadido. Significativamente, los extranjeros residentes emprenden el doble que la población nacional, convirtiéndose en motor del crecimiento emprendedor.
Los extranjeros residentes emprenden el doble que la población nacional, convirtiéndose en motor del crecimiento emprendedor
La heterogeneidad territorial es reveladora. Madrid y Cataluña se consolidan como tractores del emprendimiento, liderando iniciativas recientes y consolidación de proyectos, pero presentan tasas de cierre superiores a la media nacional. En contraste, territorios como Euskadi muestran un perfil emprendedor más conservador pero consolidado: menor propensión inicial a emprender, pero mayor persistencia una vez iniciado el proceso, evidenciando ecosistemas más maduros y sostenibles.
El resultado es claro: España crece en números, pero no en ambición emprendedora.
EUSKADI: LABORATORIO VIVO DE REINDUSTRIALIZACIÓN INTELIGENTE
En este contexto, Euskadi emerge como caso paradigmático que trasciende las debilidades estatales. Su modelo se fundamenta en una base industrial sólida que representa cerca del 40% del VAB (incluyendo servicios avanzados), significativamente superior a la media española y alineada con los niveles de las economías industriales más avanzadas de Europa. Esta fortaleza industrial combina diversificación y especialización, alcanzando niveles de excelencia manufacturera que proporcionan capacidad excepcional de adaptación económica.
Las exportaciones representan el 38% del PIB y el 45% de la facturación empresarial, posicionando a los territorios vascos como líderes en complejidad económica española. El Regional Innovation Scoreboard 2025 de la Comisión Europea confirma a Euskadi como pocket of excellence (polo de excelencia) europeo, alcanzando el 108,1% de la media de innovación de la UE. Esta distinción, que comparte únicamente con 10 territorios entre las 241 regiones europeas analizadas, posiciona a Euskadi como región de alta innovación dentro de un Estado clasificado como de innovación moderada.
Mientras muchos territorios europeos buscan aún fórmulas de reinvención, Euskadi ya funciona como un laboratorio vivo de reindustrialización inteligente.
El tejido de campeones ocultos vascos combina tecnología, calidad y adaptación internacional, liderando nichos especializados globalmente mientras preservan identidad territorial
LA ARQUITECTURA DEL ÉXITO: INSTITUCIONES, ESTRATEGIA Y ECOSISTEMAS
El modelo vasco se apoya en un compromiso institucional de largo plazo y reflejado en el Plan de Industria – Euskadi 2030. A ello se suma la autonomía fiscal que otorga el Concierto Económico, una herramienta única en Europa que permite orientar la planificación presupuestaria hacia las prioridades territoriales. Este marco se complementa con la apuesta por infraestructuras de excelencia como los Parques Tecnológicos y los Business Innovation Centers (BIC), que representan la manifestación más tangible de esta filosofía estratégica y actúan como motor de innovación y competitividad en la economía vasca.
El programa BIND representa el ejemplo más emblemático de innovación colaborativa aplicada globalmente. Desde 2016, esta plataforma de open innovation público-privada ha impulsado más de 250 startups y desarrollado más de 350 proyectos, superando los 8 millones de euros de facturación. Su éxito trasciende los números: ha demostrado capacidad para conectar talento global con necesidades específicas del tejido productivo vasco, creando un modelo replicable de innovación abierta.
Esta estabilidad contrasta favorablemente con la volatilidad observada en otros territorios estatales y europeos, evidenciando la madurez y resiliencia del ecosistema. El tejido de campeones ocultos vascos combina tecnología, calidad y adaptación internacional, liderando nichos especializados globalmente mientras preservan identidad territorial.
LECCIONES REPLICABLES: EL MODELO VASCO COMO INSPIRACIÓN EUROPEA
La experiencia vasca se cristaliza en una serie de principios fundamentales que trascienden fronteras territoriales. En primer lugar, el compromiso institucional de largo plazo respaldado por dotación presupuestaria consistente. Los ecosistemas emprendedores no emergen de políticas coyunturales, sino de visión estratégica sostenida durante décadas, inmune a los ciclos políticos.
En segundo lugar, la construcción de infraestructuras especializadas que actúen como puentes entre lo local y lo global. La especialización sectorial, cuando se combina con apertura internacional sistemática, genera sinergias que amplifican exponencialmente la competitividad territorial.
Finalmente, y en tercer lugar, la implementación de modelos de innovación abierta que integren todos los agentes del ecosistema. La colaboración estructurada entre start-ups, pymes, grandes corporaciones y sector público produce un valor agregado superior al que generaría cada actor de forma aislada.
La experiencia vasca demuestra que la reindustrialización inteligente no es producto del azar, sino resultado de una arquitectura institucional deliberada y persistente
DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES: HACIA UN NUEVO PARADIGMA DE INNOVACIÓN EN EUROPA
Europa enfrenta desafíos sistémicos que exigen respuestas estratégicas inmediatas. La fragmentación geopolítica, la aceleración disruptiva del cambio tecnológico y la intensificación de la competencia global entre ecosistemas plantean retos sin precedentes. El desafío más crítico radica en la escasez aguda de talento cualificado, el brain drain: la batalla global por profesionales especializados se ha intensificado dramáticamente, y aquellos territorios que no desarrollen estrategias sofisticadas de atracción y retención de talento verán erosionadas sus ventajas competitivas.
En este contexto, la experiencia vasca demuestra que la reindustrialización inteligente no es producto del azar, sino resultado de una arquitectura institucional deliberada y persistente. Su modelo ofrece algo más valioso que una receta: una demostración empírica de que es posible reinventarse sin renunciar a la identidad territorial.
De esta realidad emerge una paradoja reveladora: los territorios más exitosos son precisamente aquellos que logran mantener conexiones internacionales robustas mientras fortalecen su cohesión interna. Esta dualidad aparentemente contradictoria se convierte en la ventaja competitiva definitiva del siglo XXI.
Europa no necesita elegir entre especialización local y proyección global. Necesita territorios que dominen el arte de ser simultáneamente únicos y universales. El futuro pertenece a quienes sepan tejer redes de colaboración que conviertan la diversidad territorial en fortaleza colectiva. En esta nueva geografía de la innovación, ganar no es conquistar mercados, sino crear ecosistemas que otros deseen replicar.
Emprender para transformar ya no es una opción: es la condición para seguir siendo protagonistas en el siglo XXI .











