Crecer no depende solo de la voluntad empresarial, sino también de un entorno que lo haga posible.
EL OBSERVATORIO DE LA PYME
La mayoría de las empresas comparten un mismo objetivo: crecer para generar más empleo, innovar más, exportar más y ser más competitivas. Pero una cosa es la voluntad y otra la realidad. El estudio Crecimiento empresarial: retos y oportunidades, del Observatorio de la PYME, pone cifras a esta realidad. El 74,6 por ciento de las empresas afirma que quiere crecer, pero solo el 35,2 por ciento de las encuestadas considera que lo ha conseguido durante los últimos cinco años. Esta conclusión plantea una pregunta inevitable: ¿por qué cuesta tanto crecer?
La respuesta no es única. El informe identifica siete grandes obstáculos. El primero es la burocracia. Las empresas dedican una parte creciente de su tiempo a cumplir requisitos administrativos. No es casualidad que la burocracia sea señalada por los empresarios como el principal freno al crecimiento.
El segundo obstáculo es una fiscalidad que a menudo no incentiva ganar dimensión. Cuando una empresa crece, aumentan también las obligaciones administrativas, laborales y fiscales. Si el sistema transmite la percepción de que crecer significa asumir muchos más costes que beneficios, es comprensible que algunas empresas acaben aplazando decisiones de expansión. El sistema tributario debería premiar más claramente la inversión, la innovación y la creación de empleo estable.

El tercer obstáculo es la falta de profesionalización de la gestión. Muchas empresas han nacido gracias al empuje de sus fundadores y han tenido éxito durante años con estructuras muy ligeras. Pero llega un momento en que el crecimiento exige incorporar nuevas competencias para competir en mercados cada vez más exigentes.
El cuarto obstáculo es la dificultad para delegar. Muchas pymes siguen dependiendo excesivamente de su fundador. Las empresas que consiguen crecer suelen construir equipos directivos sólidos, comparten responsabilidades y generan una cultura basada en la confianza.

El quinto obstáculo es la dificultad para captar y retener talento. La falta de determinados perfiles limita proyectos de inversión, retrasa procesos de digitalización y dificulta la expansión internacional.
Cerca de la mitad de las empresas considera que no ha recibido el apoyo necesario de las administraciones públicas para impulsar su crecimiento
El sexto obstáculo es invertir poco en innovación. En un contexto marcado por la digitalización, la inteligencia artificial, la robotización y la sostenibilidad, innovar ha dejado de ser un factor diferencial para convertirse en una necesidad. Las empresas más grandes suelen invertir más en investigación y desarrollo y pueden asumir mejor los riesgos asociados a la innovación. Por ello, la dimensión y la innovación se refuerzan mutuamente.
El séptimo obstáculo es una internacionalización insuficiente. Competir en mercados exteriores obliga a mejorar procesos, productos y organización. Las empresas internacionalizadas suelen ser también más productivas, más resilientes y menos dependientes de la evolución de un único mercado.
El estudio también pone de manifiesto que los obstáculos no son exclusivamente internos. De hecho, cerca de la mitad de las empresas considera que no ha recibido el apoyo necesario de las administraciones públicas para impulsar su crecimiento. Este resultado refuerza la necesidad de un marco regulador más favorable, con menos trabas administrativas, una fiscalidad más orientada a incentivar la inversión e instrumentos que faciliten el acceso a la financiación, la innovación y la internacionalización.
Sin embargo, sería un error atribuir toda la responsabilidad al entorno. Las empresas también pueden actuar. Profesionalizar la gestión, incorporar talento, apostar por la innovación, invertir en digitalización, reforzar el gobierno corporativo o abrirse a nuevos mercados son decisiones que dependen fundamentalmente de sus equipos directivos. Precisamente, los casos de éxito analizados en el informe muestran que las empresas que han conseguido crecer comparten una misma actitud: entienden el crecimiento como un proyecto estratégico y no como una consecuencia automática del paso del tiempo.
Necesitamos más empresas medianas y grandes. No porque las empresas pequeñas sean menos valiosas —muchas son extraordinariamente competitivas—, sino porque una economía equilibrada necesita que una parte significativa de sus pymes pueda evolucionar, innovar, exportar y crear empleo de calidad. Los países con una estructura empresarial más robusta son también los que suelen mostrar niveles más elevados de productividad y salarios.
En definitiva, la competitividad exige alcanzar una dimensión suficiente para innovar, atraer talento, internacionalizarse y afrontar con garantías los grandes retos. Las empresas quieren crecer. Ahora es necesario que tanto las políticas públicas como las decisiones empresariales contribuyan a eliminar los obstáculos que todavía lo impiden.











