El potencial de nuestro sector empresarial está en jaque, y todo se juega en la mentalidad que adoptará para decidir su futuro.
ALBERT BOSCH. Aventurero y experto en liderazgo
A treinta kilómetros de iniciar el cruce de la Antártida, y cuando aún faltaban 1.200 para llegar al polo sur, nos quedamos bloqueados y totalmente aislados durante dos semanas. Una enorme tormenta imposibilitaba cualquier intento de avanzar o de ser rescatados. Las horas y los días se hacían interminables, la desmotivación taladraba nuestra mente, la incertidumbre nos bloqueaba y todo parecía abocado al desastre.
Mi compañero estaba muy negativo y solo pensaba en salir de allí cuanto antes. Su actitud boicoteaba mis intentos de mantener la confianza. Me sentía muy comprometido con un proyecto que llevaba dos años preparando e incluso me había operado voluntariamente de apendicitis para evitar cualquier riesgo. Entendía esa complejidad como parte esencial del rol de aventurero con el que me identificaba. Cuando cesó la tormenta, mi compañero pidió ser rescatado, pero yo decidí quedarme solo, aceptando que los riesgos se multiplicaban, aunque también entusiasmado por todas las oportunidades que se me presentaban.
Después de 48 días avanzando en solitario, aislado del mundo en su forma más radical, alcancé el polo sur. Con mi mentalidad había vencido al riesgo, a la incertidumbre y a la complejidad más extrema imaginable.
La realidad empresarial actual tiene muchas similitudes con esta experiencia antártica. Los cambios exponenciales nos desbordan. La incertidumbre extrema nos abruma. La complejidad nos agota. Y liderar proyectos es cada vez más difícil.
Muchos empresarios y altos ejecutivos desean ser rescatados y abandonar la expedición. En esta realidad, el tejido empresarial se va debilitando y su potencial está en jaque.
A pesar de todas las complejidades, tenemos todas las capacidades para desplegarnos
y aprovechar un sinfín de oportunidades
Otros empresarios, otros ejecutivos y otros trabajadores entienden que vale la pena continuar con la aventura. Son los que necesitamos. Son los que van a ganar el futuro. Son los que poseen el arma clave: una mentalidad expansiva.
La realidad no existe. Solo existe nuestra percepción de la realidad, que se gestiona desde nuestra mentalidad. Desde ahí la observamos, la entendemos y la interpretamos de una forma u otra. Y desde ahí tomaremos las decisiones que nos llevarán a un futuro u otro.
A pesar de todos los inconvenientes, incertidumbres y complejidades de nuestro entorno, disponemos de todas las capacidades necesarias para desplegar nuestro potencial y aprovechar —o crear— un sinfín de oportunidades: tecnología, seguridad, libertad, talento, etc. Pero todo se juega en la mentalidad que adoptemos para decidir el rumbo de nuestras empresas.
Necesitamos una mentalidad renovadora, inspiradora y valiente, que no se acomode en unos procesos ineficientes diseñados para el éxito de ayer y que tenga el coraje de impulsar los cambios de enfoque que harán posible el éxito de mañana.
Una mentalidad que no se centre en el esfuerzo y la experiencia en sí mismos, sino en la generación de valor real a partir de ese esfuerzo y esa experiencia.
Una mentalidad que entienda que ahora es posible crecer mucho más y mucho más rápido en cualquier sector de actividad.
Una mentalidad que aproveche todas las tecnologías, incluida la inteligencia artificial, para generar más valor y hacer mejor aquello que solo nosotros podemos hacer.
Una mentalidad que potencie los factores diferenciales exclusivamente humanos que ninguna IA ni ninguna otra tecnología puede sustituir: curiosidad, creatividad, coraje, comunicación y cooperación.
Solo tenemos que escoger entre el miedo y la ilusión. O adoptamos una mentalidad limitante que nos irá empequeñeciendo más rápido de lo que pensamos, o una mentalidad expansiva que nos permita desplegar todo nuestro potencial hacia un futuro próspero.
Somos afortunados por estar viviendo este momento de la historia de la humanidad. Nunca habíamos tenido tantas oportunidades y, al mismo tiempo, tantas capacidades. Además, todo está por hacer. Solo toca creer en ello, comprometerse y pasar a la acción sabiendo que nuestras empresas serán tan buenas como lo sea nuestra mentalidad.











