Asistimos a tiempos cambiantes, con la incertidumbre como factor determinante en el contexto geopolítico y económico internacional. Podríamos decir que en 2026 han cambiado definitivamente las reglas del juego y, para los economistas, supone un gran esfuerzo realizar predicciones y análisis en un contexto de tanta volatilidad.
Lucy Amigo Dobaño. Decana del Colegio de Economistas de Pontevedra, presidenta del Consello Galego de Economistas y profesora titular del departamento Economía Aplicada de la Universidad de Vigo
El comercio atraviesa una profunda transformación y, lejos de la globalización con apenas barreras propias del siglo XXI, asistimos actualmente a un cambio en el tablero internacional condicionado por las tensiones geopolíticas, las políticas de proteccionismo y seguridad económica y los aranceles.
En este contexto, las desviaciones de comercio constituyen uno de los fenómenos más relevantes para comprender la evolución de los mercados.
La desviación de comercio se produce cuando un país o una región deja de importar un producto desde un mercado tradicional y lo sustituye por otro como consecuencia de cambios en la política comercial, de los costes regulatorios o de nuevos acuerdos, modificando así los flujos comerciales de origen y destino. Durante 2026 esta tendencia se ha intensificado como consecuencia de las tensiones geopolíticas y de la política arancelaria de Estados Unidos, dando lugar a un nuevo orden en las cadenas globales de suministro. Según el informe Global Trade Outlook de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los aranceles modifican los flujos comerciales antes de que las empresas reorganicen sus cadenas de suministro. Asimismo, según el FMI, las importaciones estadounidenses podrían reducirse en torno a un 32%, lo que obligaría a buscar nuevos mercados.
La desviación de comercio se produce cuando un país o una región deja de importar un producto desde un mercado tradicional y lo sustituye por otro como consecuencia de cambios en la política comercial
Es decir, nos encontramos ante un escenario prearancelario y otro postarancelario en los que el comercio no desaparece, sino que cambia de ruta, con mayores costes para consumidores y empresas, pero también con nuevas oportunidades para terceros países que captan parte del comercio desviado del eje China-Estados Unidos.
En este nuevo tablero de juego, permítanme hacer una reflexión desde Galicia, una tierra de vocación exportadora que debe afrontar múltiples desafíos, pero ante la que también se abren nuevas oportunidades si reforzamos la competitividad y la innovación, buscamos nuevos mercados y mejoramos la capacidad de nuestra cadena de suministro.
En este sentido, los puertos gallegos están llamados a desempeñar un papel estratégico en el nuevo orden mundial, incrementando el movimiento de mercancías, captando nuevas rutas y reforzando su papel como conectores logísticos. Asimismo, la industria gallega de la automoción debe superar la incertidumbre y aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece la transición hacia el vehículo eléctrico. En este ámbito contamos con buenas noticias: el fabricante de MG, SAIC, ha elegido Galicia, concretamente Ferrol, para instalar su primera fábrica de ensamblaje de vehículos eléctricos en Europa.
Y, sin duda, sectores en los que somos una potencia, como el agroalimentario y la cadena mar-industria, deben consolidar su posición y buscar la puerta de acceso a nuevos mercados.
Con esta coyuntura, dejaremos de hablar de las desviaciones de comercio como un fenómeno circunstancial para considerarlas una característica estructural más. Está en nuestra mano aprovechar las nuevas oportunidades y saber jugar nuestras cartas en el nuevo tablero mundial.











