El tamaño empresarial, el talento y el posicionamiento de marca son las claves para competir en un mercado global cada vez más complejo. ICEX adapta su actuación a las nuevas demandas de la internacionalización, acompañando al tejido exportador español en las próximas décadas.
JOSÉ MARÍA BLASCO. Director ejecutivo de emprendimiento y competitividad de ICEX
En los últimos años, el sector exterior ha ganado un peso extraordinario en la economía española: la segunda tasa de apertura más alta de la UE junto con Alemania, un saldo positivo ininterrumpido de la balanza comercial desde 2011, y una notable aceleración de la exportación de servicios no turísticos (20% del total).
Pese a ello, las empresas españolas deben replantear sus estrategias de expansión exterior para adaptarse a un contexto global marcado por una incertidumbre geopolítica que incide en la economía y el comercio mundial, con erosión de márgenes, aparición de competidores de bajo coste y un shock de oferta que genera inflación estructural.
Ante esta situación, que afecta, en mayor o menor medida, a todas las empresas internacionalizadas, aparecen nuevos factores clave que pueden permitirles competir mejor en el mercado global.
Un primer factor para ser más competitivos internacionalmente es el tamaño empresarial. El tejido productivo español está compuesto en un 99% por pymes que tienen una media de 4,7 empleados, un 15% menos que la media europea, donde destaca Alemania con 12 trabajadores de media. Este reducido tamaño, combinado con la baja propensión exportadora de las pymes, lastra el potencial exportador de la economía. Una mayor dimensión empresarial permite abordar mercados internacionales, más complejos y costosos que el doméstico, además de facilitar el acceso a financiación.
Una mayor dimensión empresarial permite abordar mercados internacionales, más complejos y, con frecuencia, más costosos que el doméstico
El impacto en la competitividad del tamaño empresarial es especialmente relevante en dos segmentos. Por un lado, las empresas españolas de tamaño intermedio, con facturaciones entre 50 y 500 millones de euros, representan el dinamismo del tejido empresarial: son tres veces más productivas que la media nacional, invierten el 3% de sus ventas en I+D y están altamente internacionalizadas.
Pero tener un mayor tamaño no es suficiente. Las empresas deben también crear, desarrollar, atraer y fidelizar talento de calidad en todas sus áreas, incluido el ámbito del negocio internacional. La digitalización ha provocado también que las empresas necesiten contar con profesionales con nuevas competencias y que estas se actualicen a gran velocidad.
Un tercer factor clave para competir en el contexto global actual es el del posicionamiento de marca como elemento de diferenciación corporativa, que transmita experiencia y reputación. Al igual que la tecnología, la innovación y la digitalización, que no tienen por qué desarrollarse solo internamente en la empresa, también con la reputación y el posicionamiento de marca se consigue un mayor impacto competitivo cuando se trabaja de manera colectiva.
Frente a las estrategias internacionales del pasado, vinculadas la competitividad por precio o calidad-precio, el futuro exige claramente una mayor inversión en intangibles. La capacidad de competir a nivel internacional se ha de focalizar en capturar y monetizar más valor añadido proveniente de la calidad del producto y el servicio, y de la confianza, reputación y experiencia de las empresas españolas.
Avanzar en este camino no depende únicamente del esfuerzo individual de las empresas; requiere también de instituciones capaces de anticipar tendencias, generar conocimiento y acompañar al tejido empresarial en su transformación. Así, ICEX ha adaptado su actuación a las nuevas demandas de la internacionalización y acompaña al tejido exportador español en el fortalecimiento de las capacidades que determinarán su capacidad competitiva en las próximas décadas.











