Revista de Análisis Plural

Entrevista a Pedro Linares, presidente de la Asociación Catalana de Ingenieros de Telecomunicación, Electrónica y Multimedia-audiovisual de Cataluña

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El sector TIC en Cataluña emplea a 88.000 trabajadores, tiene un alto nivel de emprendimiento y está al nivel de las regiones más desarrolladas de Europa. Es, por tanto, un ámbito con muchas posibilidades pero, paradójicamente, las vocaciones tecnológicas no acaban de seducir suficientemente a los estudiantes catalanes. A continuación, hablamos con el presidente de Telecos.cat, Pedro Linares, sobre este déficit de profesionales y también sobre los retos y objetivos de la entidad, que acaba de conmemorar sus 25 años de trayectoria.

Texto: Berta Seijo
Fotos: Telecos.cat


“Soy relativamente optimista y creo que, a pesar de estar viviendo una verdadera revolución tecnológica, es previsible que con el tiempo las aguas vuelvan a su cauce”

Recientemente celebraron los 25 años de trayectoria de la Asociación con una nueva imagen corporativa donde dejan bien claro que su intención es unir tradición y futuro. ¿Por qué han apostado por este binomio y no otro?
Efectivamente, a finales de 1992 se constituyó la Asociación Catalana de Ingenieros de Telecomunicación con la decidida colaboración de un grupo de ingenieros que desarrollaban su actividad en Cataluña. Durante estos 25 años, como cualquier actividad individual o colectiva, se hicieron cosas bien (y muy bien) pero también mal (y muy mal) de las que aprendimos. A la hora de recordar este aniversario hemos optado por no recrearnos únicamente en el pasado, que asumimos, sino mirar hacia el futuro. La Asociación está siempre tratando de ofrecer nuevos servicios a sus asociados y la sociedad donde desarrolla su actividad. La nueva imagen corporativa, que conserva la «marca» Telecos.cat, quiere reflejar nuestro deseo de evolución y renovación.

Hábleme de los ingenieros de telecomunicación catalanes. ¿Cree que factores como la movilidad, la multidisciplinariedad o la formación continuada se contabilizan entre sus puntos fuertes? ¿O el hecho de que más de una cuarta parte de estos profesionales trabajen en pequeñas y medianas empresas les frena a la hora de cumplir estos tres imperativos clave?
Creo absolutamente que los factores que usted pone sobre la mesa son unos de los puntos fuertes de los ingenieros de telecomunicación catalanes. Cataluña es un territorio configurado fundamentalmente por pymes, un 98% de las empresas lo son, y es normal, por tanto, que un porcentaje importante de los ingenieros trabaje en este tipo de empresas. Sin embargo, según el Observatorio de la Ingeniería 2017, solo encontramos ingenieros en un 10% de las empresas y entidades con actividad económica.
En este sentido, el hecho de trabajar en una pequeña o mediana empresa no es un inconveniente para el desarrollo de los ingenieros; al contrario, en la mayoría de los casos, la necesidad que tienen este tipo de empresas de ser muy competitivas hace que los ingenieros que trabajan en ellas desarrollen especialmente estos factores.

Siguiendo con el tema de la formación, ¿cómo es posible que siendo unos de los sectores con menos paro, haya un déficit de profesionales TIC? ¿Por qué las vocaciones tecnológicas no acaban de despertar del todo el interés de los más jóvenes a la hora de elegir carrera?
Efectivamente, según el último estudio realizado por el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, la profesión sólo tiene un 4% de paro, porcentaje que se considera técnico. Sin embargo, hay escasez de ingenieros y este hecho provoca que muchas empresas busquen a otros profesionales que desarrollen tareas originariamente propias de un experto TIC.
Es difícil objetivar las causas de la falta de vocaciones tecnológicas. Ahora bien, donde sí parece haber consenso es en cuanto a la necesidad de trabajar en las etapas iniciales de la educación con el fin de aportar un conocimiento base sobre tecnología y difundir los beneficios y las posibilidades que ofrecen las formaciones tecnológicas.
Por otro lado, que los estudios de ingeniería sean percibidos (y no sin razón) como una carrera profesional que requiere mucho esfuerzo, no ayuda a incrementar estas vocaciones.

Del mismo modo, ¿a qué atribuye que el porcentaje de mujeres que apuestan por la ingeniería de telecomunicación (y por la ingeniería en general) sea sólo del 20%?
Precisando un poco más, según el Observatorio de la Ingeniería 2017, un 17% del total de ingenieros en Cataluña son mujeres. Si lo comparamos con otros países de la UE –en Francia es de un 22%, en Alemania, de un 16,6% y en Italia, de un 17,5%–, no parece que este sea un problema específicamente nuestro. Por otro lado, si nos referimos concretamente a la ingeniería de Telecomunicación, este porcentaje es del 12%, según el mismo Observatorio, o del 17%, según el estudio del Colegio Oficial, pero se incrementa hasta el 25% entre los alumnos de las escuelas.

A la hora de recordar este aniversario hemos optado por no recrearnos únicamente en el pasado, que asumimos, sino que miramos hacia el futuro. La Asociación está siempre tratando de ofrecer nuevos servicios a sus asociados y la sociedad en la que desarrolla su actividad

En un contexto en el que la mayoría de estudiantes universitarios son chicas, es evidente que el porcentaje de mujeres que apuestan por la ingeniería es muy bajo. Y en este punto, me gustaría destacar una de las conclusiones del Barómetro del sector tecnológico en Cataluña 2017 del Centro Tecnológico de Cataluña, donde se señala como uno de los temas más preocupantes la brecha de percepción de habilidades en matemáticas que se crea entre hombres y mujeres durante la educación primaria, siendo las matemáticas la base de la formación tecnológica. Pienso que lo que impacta en esta diferencia de percepción se puede resumir en los siguientes tres puntos: la falta de referentes femeninos en campos relacionados con la ciencia y la tecnología, la abstracción y la falta de contextualización con que se tratan las materias científico-técnicas, y la construcción de género que resulta en una visión estereotipada sobre cómo es, qué debe hacer o qué se espera que haga una mujer. Estos factores culturales no conscientes repercuten, habitualmente, en la elección de los estudios superiores; hacen que la elección no sea plenamente en función de las habilidades personales o del talento en el ámbito tecnológico.
Como ejemplo de estos factores externos, podemos citar el cambio de nomenclatura de ciertas carreras universitarias como Ingeniería informática. Porque cuando esta carrera se llamaba licenciatura en Informática, el porcentaje de mujeres matriculadas era del 40% aproximadamente. Cuando pasó a llamarse Ingeniería informática, el porcentaje de mujeres se redujo progresivamente hasta el 10%.
No podemos permitirnos esta situación; es un problema que debemos abordar. En este sentido, se están poniendo en marcha varios programas con la colaboración de las escuelas, las universidades y las empresas que esperamos que aporten continuidad y no sean solo una moda. En Telecos.cat hemos impulsado el grupo de trabajo Dones TIC, que precisamente nace con este objetivo.

Además de fomentar las vocaciones TIC, especialmente entre las mujeres, otro de los propósitos de la Asociación es «concienciar a la sociedad para que se haga un buen uso de la tecnología, previniéndola de un uso excesivo que convierta los dispositivos móviles en prótesis tecnológicas». ¿Realmente cree que todavía estamos a tiempo de parar esta necesidad de estar permanentemente conectados?
La tecnología no es buena o mala en sí misma, todo dependerá del uso que hagamos de ella. Personalmente, soy relativamente optimista y creo que, a pesar de estar viviendo una verdadera revolución tecnológica, es previsible que con el tiempo las aguas vuelvan a su cauce. Para que esto ocurra hay, sin embargo, mucho trabajo por delante: comprender, reglamentar, educar, etc. Y en este punto Telecos.cat está poniendo su granito de arena.

Tengo entendido que, para que los esfuerzos de la entidad tengan mayor repercusión, uno de sus objetivos como presidente es hacer posible la creación de una única asociación catalana de ingenieros. Con el nacimiento, el pasado mes de mayo de 2017, de la Asociación de Profesionales TIC de Cataluña (integrada por Telecos.cat, el COEINF y GrausTIC) ¿usted y su equipo cerraron este capítulo o quieren ir más allá?
A pesar de reconocer las dificultades que es necesario superar y el tiempo que se necesitará para hacerlo, los miembros de la Junta que presido nos presentamos a las elecciones con el objetivo de avanzar hacia un ente que agrupara a los ingenieros de Cataluña, independientemente de su especialidad, y desde el que pudiéramos hablar de los asuntos de la ingeniería y los ingenieros.
Afortunadamente, no somos los únicos que albergamos este propósito y la idea de trabajar con este objetivo. De hecho, estamos colaborando con otros colectivos de ingenieros para hacerlo posible, y la creación de la Asociación de Profesionales TIC de Cataluña es un ejemplo, como también lo es el nacimiento de la Agencia de Cualificación Profesional (AQPE), de la que formamos parte junto con ingenieros industriales, de caminos, agrónomos e informáticos. Todavía, sin embargo, queda camino por recorrer.

Debemos cuidar el Mobile World Congress mientras se celebre en Barcelona y tratar de no ponerlo en riesgo, pero sobre todo debemos ser capaces de aprovechar las oportunidades que nos brinda para dar continuidad a los proyectos y hacer posible que las empresas se desarrollen

Por último, atendiendo que la próxima edición del Mobile World Congress está muy cerca, ¿diría que sabemos aprovechar debidamente las oportunidades que esta cita nos brinda para impulsar el sector TIC en nuestro país?
El Mobile World Congress y el rol de Barcelona como capital de la movilidad es y debe ser un polo de atracción de talento y de implantación de nuevos proyectos. Debemos cuidar el Congreso mientras se celebre en Barcelona y tratar de no ponerlo en riesgo, pero sobre todo debemos ser capaces de aprovechar las oportunidades que nos brinda para dar continuidad a los proyectos y hacer posible que las empresas se desarrollen, independientemente de que el Congreso pueda cambiar de localización.

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