Revista de Análisis Plural

Wirecard. El gran escándalo financiero de la era COVID

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La fintech alemana Wirecard, especializada en pagos por Internet, era en 2019 una empresa exitosa que facturaba unos 2.000 millones de euros anuales, tenía 5.300 empleados y recibía en Londres el prestigioso premio Payments Awards. En 2020, en plena pandemia del coronavirus, saltó el escándalo que comportó el encarcelamiento de su consejero delegado y el colapso financiero. Poco después, la empresa inició su liquidación.

 

Oriol Amat. Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Pompeu Fabra.


«Seguiremos creciendo a un ritmo fuerte. Tenemos el potencial de llevar el valor de Wirecard a más de 100.000 millones de euros en los próximos años».

Markus Braun
Consejero delegado de Wirecard
(Declaraciones realizadas en 2018, cuando Wirecard valía 23.000 millones de euros)

 

Este artículo explica el auge y hundimiento de la empresa milagro que había sido apodada con el sobrenombre de “El Google alemán”. Dado que en el momento de escribir este artículo aún no se ha celebrado el juicio sobre este caso, habrá que esperar a la sentencia judicial para conocer con más detalle todo lo ocurrido.

INICIOS DIFÍCILES Y PRIMEROS ÉXITOS
Wirecard fue fundada en 1999 por Detlev Hoppenrath, experto en informática, que previamente había creado uno de los primeros antivirus. En 2002, tras la crisis de la burbuja puntocom, estuvo a punto de cerrar. En ese momento, el consultor informático Dr. Markus Braun acudió al rescate y pasó a ser su CEO. En poco tiempo, empezó a ganar dinero prestando servicios de pago por Internet a páginas web especializadas en apuestas y pornografía, un segmento en el que sus competidores no querían entrar. Estas prácticas poco éticas motivaron que el fundador Detlev Hoppenrath abandonase Wirecard.
En 2005, la empresa se fusionó con Infogenie, compañía especializada en servicios de información por teléfono que cotizaba en la bolsa alemana, aunque debido a su evolución negativa estaba a punto de ser excluida de cotización. Así, Wirecard empezó a cotizar en la bolsa de Frankfurt.
En 2006, Wirecard creó su propio banco: Wirecard Bank AG. En 2007, amplió su oferta de servicios de pago por Internet e inició su expansión internacional. En pocos años, ya tenía más de 45 filiales en los cinco continentes.

En 2008, una asociación alemana de accionistas informó de errores en las cuentas de 2007 de Wirecard. Sin embargo, las autoridades alemanas acusaron a un directivo de esta asociación de estar interesado en que las acciones de Wirecard perdieran valor. Durante los años siguientes, diversos medios de comunicación fueron emitiendo señales de que algo turbio pasaba en la compañía

EMPIEZAN A APARECER AVISOS DE FRAUDE
En 2008, una asociación alemana de accionistas informó de errores en las cuentas de 2007 de Wirecard. Sin embargo, las autoridades alemanas acusaron a un directivo de esta asociación de estar interesado en que las acciones de Wirecard perdieran valor.
Durante los años siguientes, se fueron produciendo señales de que algo turbio pasaba en la compañía. En 2014, el periódico Financial Times empezó a publicar una serie de artículos titulada “House of Wirecard” donde ponían en duda las cuentas de la empresa. Periódicamente, y hasta 2020, empresas de análisis como J. Capital Research, Zatarra Research y The Analyst acusaron a Wirecard de información engañosa en sus cuentas, de tener muchas filiales que prácticamente eran inoperativas, y de lavado de dinero y fraudes a Visa y Mastercard. Sin embargo, las autoridades alemanas, en lugar de investigar a Wirecard, acusaron a los denunciantes de publicar informes falsos para manipular el precio de las acciones. En 2017, los periódicos Süddeutsche Zeitung y NDR informaron de que Wirecard Bank procesaba pagos a cuenta de casinos en línea ilegales. Y, a pesar de ello, Wirecard siguió creciendo. En 2018, ya tenía un valor de 23.000 millones de euros, superando al Deutsche Bank; la compañía fue incluida en el índice DAX. Este índice, el principal de la bolsa alemana, reúne a las 30 empresas más grandes cotizadas en la bolsa de Frankfurt. Mientras tanto, los ingresos y beneficios de Wirecard no paraban de crecer (ver figura 1).

En enero de 2019, el Financial Times, a raíz de la denuncia de un anónimo, publicó un artículo alertando de que las cuentas de la empresa en Asia contenían falsedades. En concreto, explicó que la mayor parte del incremento de ingresos procedía de la filial de Filipinas, que estaba domiciliada en la sede de una pequeña compañía de autobuses, y que las operaciones consistían en ventas ficticias a través de empresas vinculadas con el objetivo de hinchar las ventas y los beneficios.
Cada vez que se acusaba a la empresa de fraudes, Wirecard lo negaba todo y, poco después, la cotización de sus acciones seguía subiendo. En otoño de 2019, en un intento de atajar las críticas, Wirecard contrató a KPMG para que investigase las acusaciones de fraude contable. Este informe, emitido el 27 de abril de 2020, concluyó que no se habían podido detectar los fraudes, pero también indicaba que a la consultora no se le había suministrado toda la información precisa para llevar a cabo la investigación. A continuación, las acciones de Wirecard se desplomaron de nuevo.

En otoño de 2019, en un intento de atajar las críticas, Wirecard contrató a KPMG para que investigase las acusaciones de fraude contable. El informe de la consultora concluyó que no había podido detectar los fraudes, pero también señaló que no se le había suministrado toda la información precisa para llevar a cabo la investigación

REGISTRO POLICIAL Y ARRESTO DEL CEO
En 5 de junio de 2020, la policía registró la sede de Wirecard para buscar evidencias del presunto fraude y el 18 de junio de 2020, el auditor EY hizo público que faltaban 1.900 millones de euros en las cuentas de la empresa en dos bancos filipinos (estos bancos informaron a EY de que los certificados de los 1.900 millones de euros eran falsos). Las acciones de la fintech se hundieron (ver figura 2). En total, durante el último año, sus accionistas perdieron más de 20.000 millones de euros.

El 22 de junio de 2020, el CEO de Wirecard, Markus Braun, fue arrestado acusado de falsear las ventas y las cuentas bancarias. Tres días después, la empresa solicitó el estado de quiebra con unas deudas de 4.000 millones de euros. El número dos de la empresa, Jan Marsalek, que era director de operaciones y miembro del Consejo de Administración, huyó y sigue en paradero desconocido

El 22 de junio de 2020, Braun fue arrestado acusado de falsear las ventas y las cuentas bancarias. También fueron arrestados el director financiero, el director de contabilidad y el director de la filial de Dubai. El número dos de la empresa, Jan Marsalek, que era director de operaciones y miembro del Consejo de Administración, huyó y sigue en paradero desconocido. En esa misma fecha, Wirecard reconoció que las cuentas de los ejercicios anteriores podían ser incorrectas. Diversos medios de comunicación informaron de que, para engañar a los auditores, Wirecard usaba empresas interpuestas que confirmaban las operaciones y los saldos falsos. Y para engañar a los supervisores bursátiles, la fintech contrataba a abogados especializados en contraatacar las acusaciones y, así, consiguieron que las autoridades investigaran más a los denunciantes que a la propia Wirecard.

El 25 de junio de 2020, Wirecard solicitó el estado de quiebra con unas deudas de 4.000 millones de euros. En julio de 2020, la fiscalía alemana comunicó que, supuestamente, Wirecard había manipulado sus cuentas desde el año 2014. A principios de 2021, tras conocerse que la Comisión Europea decidió investigar la actuación de los organismos supervisores alemanes en relación con Wirecard, se produjeron las dimisiones del presidente del organismo supervisor bursátil y del presidente del organismo supervisor contable.
De este caso sorprende que, a pesar de los numerosos avisos de fraude, las autoridades alemanas y los supervisores de bolsa persiguieron más a los denunciantes que a Wirecard. La moraleja es que hay que hacer más caso de los avisos de fraude que a veces podemos leer en los medios de comunicación.

 

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