Estamos en el momento de emergencia de la IA. Impera la incertidumbre y la angustia por quedar atrás y perder la nueva ola de ventaja competitiva. No es momento de correr, sino de seleccionar cuidadosamente el talento y de experimentar adecuadamente, sin precipitarnos. ¿Cómo evito que la IA se convierta en un experimento caro y poco útil?
XAVIER FERRÀS. Profesor ordinario de ESADE y Catedrático Universitat Ramon Llull
La inteligencia artificial puede ser una de las tecnologías más transformadoras de la historia. Pero es muy joven. ChatGPT, la primera aplicación masiva, llegó a nuestras vidas en el mes de noviembre de 2022, inaugurando el mercado de los grandes modelos de lenguaje (LLM). Desde entonces, se ha disparado una feroz guerra entre proveedores (Google con Gemini, Micro- soft con Copilot, Meta con Llama, X con Grok, o China con Deepseek), sustentada en una vertiginosa carrera tecnológica.
Cada semana se suceden noticias, a cual más sorprendente, de las capacidades cognitivas que demuestran estos sistemas. En comprensión y elaboración de textos, reconocimiento de imágenes, razonamiento complejo o conocimientos propios de doctorado, alcanzan o superan el nivel humano.
Muchas personas (probablemente la mayor parte de nuestros empleados) ya la utilizan, quizá de manera no controlada, para analizar datos, elaborar informes o programar código.
En comprensión y elaboración de textos, reconocimiento de imágenes, razonamiento complejo o conocimientos propios de doctorado, alcanzan o superan el nivel humano
Su productividad se está incrementando, aunque no monetizamos todavía ese efecto. ¿En qué momento debemos lanzarnos a realizar inversiones significativas, para qué y con quién? Esta es una pregunta que inquieta a los empresarios y directivos de hoy. Pero no hay que correr.
Estamos en la fase “fluida”, efervescente, de la innovación. Como los PC en los 80 o la telefonía móvil en 2000. Tenía que llegar un IBM PC o un iPhone para sentar el diseño dominante y definir la industria.
Ahora es momento de experimentar. Formar a los empleados, empezar a realizar pruebas y familiarizarse con la IA. Y determinar quién la lidera en la empresa (asignar un responsable). Será él/ella quien tenga que estar en la frontera del conocimiento, y trazar un plan de adopción. Aunque todo va rápido, pensemos con tiempo, designemos talento y, luego, con conocimiento de causa, invirtamos con garantías de éxito.











