¿Por qué una universidad legalmente reconocida no siempre goza del mismo prestigio que otra? La respuesta puede encontrarse en una institución catalana desaparecida hace más de tres siglos.
XAVIER FANTOVA. Departamento de Humanidades de la Universitat Europea-IMF de Andorra.
JESÚS M. PRUJÀ. Canciller de la Universitat Europea-IMF de Andorra.
Durante las últimas décadas, el sistema universitario español ha cambiado profundamente. Las universidades privadas han crecido de forma sostenida, la formación en línea se ha consolidado y han surgido nuevos modelos docentes que compiten con las universidades tradicionales. Todo ello ha ampliado las opciones de los estudiantes, pero también ha generado un debate incómodo: ¿qué convierte realmente a una institución en una universidad?
La respuesta parece sencilla: una universidad es aquella que cumple la ley y ha sido autorizada por las administraciones competentes. Pero esta respuesta solo explica una parte de la realidad. La otra parte es mucho más difícil de medir: el prestigio académico del profesorado, la confianza social, la calidad de la investigación, el valor de sus títulos o el reconocimiento que le otorgan el resto de universidades.
En definitiva, una cosa es la legalidad y otra, muy distinta, la legitimidad académica.
Y LA HISTORIA SE REPITE
Este debate no es nuevo. De hecho, Cataluña ya lo vivió hace más de trescientos años con la Universidad Literaria de Solsona.
Aunque hoy es una institución prácticamente desconocida, Solsona funcionó durante décadas como una universidad. Impartía estudios, expedía títulos y desarrollaba actividad académica. Sin embargo, su existencia siempre estuvo rodeada de controversias sobre el alcance de sus privilegios y sobre el reconocimiento real de los títulos que concedía.
El problema no era únicamente jurídico. Otras universidades y autoridades discutían si aquella institución debía ocupar el mismo lugar que los centros universitarios más consolidados. Es precisamente esta situación la que convierte a Solsona en un precedente extraordinariamente actual.
LA UNIVERSIDAD ES MUCHO MÁS QUE UNA AUTORIZACIÓN
La legislación española establece hoy requisitos muy exigentes para crear una universidad. La Ley Orgánica del Sistema Universitario y el Real Decreto que regula la creación de nuevas universidades fijan condiciones relativas al profesorado, la investigación, la oferta de titulaciones o la estructura institucional.
Pero cumplir estos requisitos no garantiza automáticamente el prestigio.
La historia universitaria demuestra que la reputación se construye con el tiempo. Se fundamenta en la calidad docente, en la producción científica, en la estabilidad del profesorado, en la capacidad investigadora y en la confianza que la sociedad deposita en la institución.
Esta es la diferencia entre tener una universidad y ser reconocida como una gran universidad.
EL DEBATE DE LAS UNIVERSIDADES PRIVADAS
En los últimos años han surgido numerosas universidades privadas, especialmente en comunidades como Madrid o Andalucía. Algunos rectores y expertos han expresado dudas sobre si determinados proyectos disponen realmente de una masa crítica suficiente de profesorado, investigación y estructura académica para ser considerados universidades en el sentido pleno del término.
Curiosamente, el debate casi nunca pone en cuestión su legalidad. Lo que se discute es si los mínimos exigidos por la normativa son suficientes para garantizar una institución universitaria con la solidez que la sociedad espera.
Es exactamente la misma pregunta que, salvando todas las distancias históricas, ya planteaba el caso de Solsona.
LO ONLINE TAMBIÉN ENTRA EN EL DEBATE
La universidad digital ha añadido un nuevo elemento a esta discusión. Instituciones que desarrollan toda su actividad a distancia han demostrado que es posible ofrecer estudios universitarios sin presencialidad. La Universitat Oberta de Catalunya es probablemente el mejor ejemplo.
La cuestión no es si una universidad es presencial o virtual, sino otra: qué modelo docente ofrece, qué investigación produce, qué profesorado incorpora y qué reconocimiento logra dentro del sistema universitario.
LA REPUTACIÓN SIGUE SIENDO DECISIVA
Las universidades compiten hoy en un entorno global. Rankings internacionales, acreditaciones, captación de talento, producción científica o empleabilidad de los titulados forman parte de una misma realidad: la reputación. Esta reputación actúa a menudo como un mecanismo que complementa aquello que la regulación jurídica no puede garantizar por sí sola.
UNA LECCIÓN QUE LLEGA DESDE EL SIGLO XVII
La Universidad Literaria de Solsona nos recuerda que la universidad nunca ha sido solo una institución administrativa.
Sin embargo, su desarrollo académico e institucional no presentó ninguna excepcionalidad en su entorno histórico y territorial. Formó, graduó y doctoró siguiendo las mismas fórmulas organizativas y procedimientos académicos que el resto de estudios generales y universidades, si bien adaptándose a la realidad de su escala. Y la función social y profesional desempeñada por sus egresados a lo largo de casi un siglo (1620-1717) así lo puso de manifiesto.
La institución universitaria siempre ha sido también una comunidad de conocimiento, una organización científica y un espacio de confianza pública.
Su historia, y también muchos otros casos de las llamadas «universidades menores» del ámbito occidental del Mediterráneo, nos enseña que los conflictos entre legalidad y legitimidad no son un fenómeno contemporáneo, sino una tensión que acompaña a la universidad desde sus orígenes.
En un momento en que el sistema universitario sigue expandiéndose, diversificándose y digitalizándose, esta distinción es más útil que nunca.
Porque, al fin y al cabo, una universidad no se define únicamente por el decreto que la autoriza, sino, y sobre todo, por la calidad del conocimiento que genera, por los profesionales que forma y por la confianza que es capaz de despertar en la sociedad.
Quizá esta sea la gran lección que nos deja aquella pequeña e histórica universidad de Solsona: la legalidad es imprescindible, pero el prestigio académico hay que ganárselo cada día.










