Necesitamos empresas que crezcan en facturación y en margen. Y ese crecimiento solo tiene una fuente: los clientes. Queremos tener más clientes, o clientes más diversos; queremos tener clientes que nos dejen un buen margen. El único crecimiento sostenible es el que te proporcionan los clientes que, de forma sostenida, permiten obtener resultados positivos que financian nuevas expansiones.
XAVIER MARCET. Vicepresidente del grupo Marlex
Una parte de este crecimiento basado en los clientes puede venir de la innovación. Venimos de una etapa en la que la innovación ha estado muy de moda. La innovación es importante porque nos acerca al futuro, y tener futuro es lo que todas las empresas desean. Hemos hablado tanto de innovación que la hemos banalizado. De tanto hablar de ella, hemos dado la falsa impresión de que es fácil. Y no lo es. Innovar es muy difícil.
Nos gusta mucho ver a los grandes innovadores como héroes. Admiramos su visión, sus esfuerzos y su resiliencia. Nuestro santoral de innovadores está lleno de personas que supieron asumir riesgos y que no se dejaron intimidar por los fracasos, sino que aprendieron de ellos. Pero nos cuesta aplicarnos el cuento. Lo veo en muchas empresas que, a veces, tienen departamentos de innovación que están más cerca de ser funcionarios de la innovación que emprendedores dispuestos a perseverar en sus pasiones y convicciones.
Seamos claros. Innovar es muy difícil. Mucho. A veces requiere esfuerzos casi tan importantes como los que los fundadores tuvieron que hacer para crear la empresa. Innovar en algo que tenga un impacto elevado en los resultados de la empresa, es decir, que genere nuevos ingresos y beneficios significativos, es realmente complicado.
Cuando veo un departamento de I+D con mucha gente, desconfío. Veo procesos más sofisticados, pero no veo brillo en los ojos. Veo que para todo hacen falta mucho tiempo y mucho dinero. Pero la innovación no se hace solo con tiempo y dinero. Se hace implicándose de verdad. Con mucho compromiso. Con más decisiones que reuniones y con sistemas de gobernanza de la innovación just in time. Es el comité de innovación el que se reúne cada vez que un proyecto necesita una decisión que sus responsables no pueden tomar por sí solos.
Nuestro santoral de innovadores está lleno de personas que supieron asumir riesgos y que no se dejaron intimidar por los fracasos, sino que aprendieron de ellos
Los proyectos de innovación van en serio y no pueden ser interrumpidos constantemente. Por eso hay que adaptar las agendas al proyecto, y no los proyectos a las dinámicas directivas. Algunas empresas invierten mucho en innovación y, a veces, solo crean museos de prototipos. Los equipos de innovación deben sentir que el futuro de la empresa está en sus manos. Y ese futuro depende más de vender cosas nuevas que de que esas cosas sean más o menos disruptivas. Cada vez creo más en la innovación protagonizada por equipos pequeños, donde nadie puede ser un espectador y donde nadie se dedica a sobrediagnosticar.
Una empresa innova cuando toda la organización se prepara para innovar. Una empresa innova cuando existe empatía con el cliente y con la tecnología. Si los ingenieros no hablan con los comerciales ni visitan con ellos a los clientes, las posibilidades de que todo salga mal son altísimas. Todo el mundo debe estar involucrado a la hora de escalar las propuestas de innovación. Sin una gran solidaridad interna en torno a la innovación, sencillamente no pasa nada.
Ahora la innovación ya no está tan de moda, pero con la IA, en la que copiar ya no será un arte sino un automatismo, será más necesaria que nunca. Fundamentar el crecimiento en la innovación es una pasarela hacia el futuro.











