La industria vive un momento decisivo, marcado por la necesidad de ganar productividad, acelerar la innovación y afrontar la transición ecológica sin perder competitividad. Martina Font, presidenta del Packaging Cluster y directora corporativa de Font Packaging Group, defiende una política industrial más ambiciosa, con menos trabas administrativas y una apuesta decidida por la tecnología. En esta entrevista analiza los grandes retos de la economía europea y el futuro del tejido industrial catalán.
ADRIÀ GRATACÓS TORRAS
Si Europa quiere mantener su estado del bienestar, debe volver a situar la industria en el centro
Según la OCDE, la productividad en España sigue por debajo de la de los principales países europeos. ¿Por qué cuesta tanto reducir esta brecha?
La productividad no se improvisa; se construye día a día. En nuestra empresa lo vivimos constantemente. Si queremos fabricar más cajas de forma más productiva, no tenemos que trabajar más, sino mejor: invertir en maquinaria, automatizar procesos e innovar.
Este es un reto de país. Tenemos empresas extraordinarias, pero con demasiada frecuencia dedicamos demasiado tiempo a la burocracia, a los cambios normativos y a un entorno inestable que dificulta la productividad.
No nos falta talento ni capacidad industrial. Lo que necesitamos es crear las condiciones para que las empresas podamos dar el salto hacia una industria más tecnológica y con mayor valor añadido.
¿Qué necesitan realmente las pymes para ganar dimensión y mejorar la productividad: más regulación, más incentivos o un cambio cultural empresarial?
En Cataluña contamos con un tejido empresarial extraordinario, pero muy atomizado. Nos cuesta crecer, y crecer no significa solo facturar más, sino tener mayor capacidad para afrontar los grandes retos del futuro.
Dedicamos demasiado tiempo a trámites administrativos, inspecciones o a intentar entender nuevas normativas, cuando deberíamos estar pensando en vender más, innovar más o salir a exportar. También creo que existe un componente cultural. A veces nos da miedo crecer porque implica asumir riesgos, pero estoy absolutamente convencida de que quedarse quieto supone un riesgo mucho mayor.
Las pymes necesitan menos trabas administrativas y más estabilidad, pero, sobre todo, más confianza para crecer. Tenemos que pasar de tener buenas empresas a tener grandes empresas, y ese es un reto de país.
Según Pimec, muchas pymes quieren crecer, pero pocas lo consiguen. ¿Qué consejo daría a los empresarios que quieren dar ese paso?
Lo primero que les preguntaría es qué empresa quieren tener dentro de diez años. Parece una pregunta sencilla, pero estamos tan centrados en el día a día que nos cuesta reservar tiempo para pensar estratégicamente.
También les diría que salieran de su zona de confort. Es cierto que eso implica tomar decisiones difíciles, invertir antes de ver los resultados y saber delegar. A mí siempre me ha funcionado rodearme de empresarios de éxito, preguntar, participar en clústeres, patronales y asociaciones empresariales. Compartir experiencias acelera enormemente el crecimiento, tanto personal como profesional.
El aumento de los costes derivados de la inestabilidad geopolítica global pone en riesgo el crecimiento de muchas empresas. ¿Qué pueden hacer los gobiernos para minimizar sus efectos?
Las empresas no pedimos que se nos proteja de los problemas del mundo; lo que pedimos es que no se nos añadan desde casa.
Las empresas necesitamos estabilidad. Un gobierno no puede controlar una pandemia o una guerra, pero sí puede crear un entorno estable. Si decido invertir en una nueva línea de producción, esa decisión me condiciona durante los próximos diez o quince años. Hacer estas apuestas cuando las reglas del juego cambian constantemente o la burocracia retrasa los proyectos durante años hace muy difícil ser una empresa competitiva.
Por otra parte, la industria genera empleo de calidad y riqueza en el territorio. Por eso creo que los gobiernos deben tener una visión estratégica de la industria e impulsar políticas que faciliten la inversión y ayuden a las empresas a ganar dimensión y competitividad.
Lo que necesitamos es crear las condiciones para que las empresas podamos dar el salto hacia una industria más tecnológica y con mayor valor añadido
A escala internacional, ¿qué supone para la industria europea quedar atrapada entre el liderazgo tecnológico de Estados Unidos y la capacidad productiva de China?
Hace años venían delegaciones asiáticas a visitar las fábricas europeas porque fabricábamos mejor que nadie. Hoy somos nosotros quienes vamos a ver cómo trabajan ellos. Es un ejemplo muy gráfico de lo que está ocurriendo.
Creo que Europa no puede competir en precio. Nuestra fortaleza siempre ha sido trabajar mejor, innovar más y ofrecer productos de alto valor añadido, y esa es la línea que debemos seguir.
Tenemos un talento extraordinario y empresas muy innovadoras, pero estamos perdiendo competitividad porque no se ha apostado por la industria, la tecnología y la inversión con la misma determinación que lo han hecho China y Estados Unidos. En ambos países existe un entorno más ágil y mayores incentivos. Además, aquí soportamos unos costes energéticos muy elevados y una complejidad regulatoria que no nos ayuda.
¿Es realista hablar de reindustrialización europea o es más un discurso político que una realidad económica?
Creo que Europa todavía está a tiempo de revertir esta situación. Ahora bien, si no actuamos rápidamente con políticas económicas más ambiciosas, facilitando la inversión y apostando decididamente por la innovación, acabaremos teniendo una industria muy residual.
Siempre digo a los responsables políticos que no se trata de fabricar más barato, sino de volver a ser los mejores fabricantes de productos, como lo fuimos hace unas décadas. La industria actual ya no se parece a la de los años setenta: es una industria intensiva en tecnología. En nuestras plantas, los datos son tan importantes como las materias primas. Hablamos de sensores, robots, inteligencia artificial, visión artificial y edge computing.
La industria del futuro será tecnológica, automatizada, sostenible y conectada. Si Europa quiere mantener su estado del bienestar, debe volver a situar la industria en el centro con menos burocracia, energía competitiva y más inversión en tecnología e innovación. Sin inversión no hay innovación y, sin innovación, no hay autonomía estratégica.
Desde su experiencia al frente de Font Packaging Group, ¿qué decisiones han sido clave para crecer en un sector industrial tan intensivo en competencia, costes y regulación?
Creo que hemos tomado tres decisiones clave para competir en este sector. La primera ha sido entender que, además del precio, el cliente también compra servicio, rapidez, innovación y la tranquilidad de contar con un proveedor con más de setenta años de experiencia. Por eso apostamos por ofrecer un servicio impecable e incorporar las últimas tendencias del mercado en productos y procesos.
En segundo lugar, diría que la inversión continuada es esencial. Incluso en los años más complicados nunca hemos dejado de invertir en automatización, nuevas plantas y tecnología. Por último, creo que es muy importante mantener una visión a largo plazo. Las empresas familiares catalanas se diferencian precisamente por esa visión, y estoy convencida de que es uno de los factores clave de su éxito.
¿Cuáles son hoy los principales incentivos y obstáculos para que la industria del packaging crezca y sea competitiva en Cataluña?
Cataluña cuenta con uno de los ecosistemas de packaging más potentes de Europa. A menudo pensamos únicamente en el envase, pero se trata de una industria muy innovadora, exportadora y clave para sectores como la alimentación, la salud, la cosmética o la automoción.
Desde el Packaging Cluster hemos elaborado un estudio que muestra que el sector representa el 4,8 % del PIB catalán y genera cerca de 50.000 empleos directos. El futuro pasa por demostrar que sostenibilidad y competitividad son perfectamente compatibles. Pero también hace falta un marco regulatorio estable e incentivos que favorezcan la innovación. Si es así, estoy convencida de que Cataluña puede consolidarse como uno de los grandes referentes europeos en packaging.
Tenemos un talento extraordinario y empresas muy innovadoras, pero estamos perdiendo competitividad porque no se ha apostado por la industria, la tecnología y la inversión con la misma determinación que lo han hecho China y Estados Unidos
Europa considera imprescindible avanzar en la transición ecológica. ¿Cómo puede llevarse a cabo sin perder competitividad?
La sostenibilidad funciona cuando las empresas la ven como una oportunidad y no como una obligación. Todo empieza en el diseño: una caja más ligera permite utilizar menos cartón, reducir el transporte y generar menos emisiones. Eso es bueno para el planeta, pero también para el negocio porque mejora la competitividad. Cuando sostenibilidad y competitividad avanzan de la mano, es cuando la transformación es real.
¿La transición ecológica ha obligado a replantear procesos industriales en Font Packaging?
Nos ha cambiado en muchos aspectos. Por ejemplo, a la hora de diseñar un producto ya no pensamos únicamente en su funcionalidad, sino también en cómo puede reducir su huella de carbono, y eso lo tenemos completamente parametrizado. Una pequeña modificación en el diseño de una caja puede permitir transportar más unidades por palé o reducir las emisiones asociadas al transporte. Cuando eso ocurre, gana el medio ambiente, pero también el cliente. Para nosotros, la sostenibilidad no es un coste añadido, sino una inversión de futuro y una oportunidad para seguir innovando.
Después de años de crecimiento y reformas, ¿por qué España sigue sin cerrar la brecha de productividad con Europa? ¿Es un problema de políticas económicas o del propio modelo productivo?
Creo que se debe principalmente a dos factores. El primero es el tamaño de las empresas. La mayor parte del tejido industrial catalán está formada por pequeñas empresas, imprescindibles para generar empleo y dinamizar el territorio, pero que a menudo tienen más dificultades para invertir. Sin inversión es muy difícil aumentar la productividad. En nuestro caso, cada inversión nos ha permitido fabricar con mayor calidad, menos errores, menor consumo energético y más flexibilidad. Por eso creo que las administraciones deben ayudar a las empresas a ganar dimensión.
El segundo factor es que hemos ido perdiendo peso industrial. Los países europeos más productivos cuentan con una base industrial sólida. En Cataluña, la industria ha pasado de representar el 45 % del PIB en los años sesenta a alrededor del 20 % del VAB actual. Si queremos mantener un estado del bienestar sólido, debemos volver a situar la industria en el centro de la estrategia económica.


Tenemos un talento extraordinario y empresas muy innovadoras, pero estamos perdiendo competitividad porque no se ha apostado por la industria, la tecnología y la inversión con la misma determinación que 








