Revista de Análisis Plural

De la sostenibilidad a la economía circular, pasando por los frutos secos proteicos

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Hoy celebramos almuerzo mensual. La organización corre a mi cargo. Buena fecha, principios de 2030. Enero es un mes que me da ánimos. Suele tocarme la organización de este evento durante el primer trimestre. Los viejos amigos mantienen altas las exigencias gastronómicas. La ceremonia promete porque además de eso –resulta estimulante competir por mejorar la propuesta del amigo que te invita-, vamos a poner a discusión el estado de la economía circular. Tras una década volcánica que comenzó en torno a 2020 con la concienciación colectiva sobre el planeta, nos lo seguimos cargando como entonces. No crean que hemos avanzado demasiado.

JOSEP-FRANCESC VALLS. Catedrático ESADE Business & Law School.


En el aperitivo presentan brevemente el tema dos expertos. Uno es de la universidad de Cambridge, defensor de que la energía sucia no es más barata, que participó en uno de los informes más destacados sobre el coste de la energía limpia. El otro, un colega redactor de la revisión de la Directiva sobre las energías renovables presentada por la presidencia búlgara, y posteriormente aprobada por el Parlamento Europeo. (Patatas Marinas con sabor a oliva negra y anchoa, y patatas rejilla sabor Curry-Lima; Snatt’s Hummus, y Mediterráneas de queso; chips de alcachofa; almendra ahumada; cacahuete Tijuana sin cáscara. Como verán, una mezcla de fritos, extrusionados y frutos secos, lo más proteico, nutricional y saludable, con etiquetas limpias aptas para todos los intolerantes a la lactosa o al gluten, con certificación halal. Todos productos éticos y con certificaciones acreditadas, como mandan hoy los cánones. Las bebidas, toda ellas en botella inteligente -para adaptarse a la salud de cada comensal- y con tapón ídem –para aconsejarle la ingesta necesaria-.

El hecho es que, en los últimos 10 años, la economía circular ha avanzado muy poco. Seguimos utilizando en 2030 materias primas y energías sucias más caras que las limpias si atendemos a los costos sanitarios derivados de la contaminación

En torno a 2020, todos los movimientos hacia la sostenibilidad confluían en la reducción de los residuos. De este modo, se produjo un gran consenso social sobre la insostenibilidad del planeta –arranca el primero de los expertos-. Se avanzó bastante en el reciclaje de las basuras, los alimentos y los desechos de todo tipo. Pero durante la última década hemos llegado al convencimiento de que hay que incidir, sobre todo, en la primera parte del proceso, en las materias primas y en la energía. Seleccionando aquellas que generen cero residuos, es decir, completamente reciclables, se reduce definitivamente la presión sobre el conjunto y se promueven economías regenerativas. Lo que va de la economía lineal -tomar, utilizar y desechar- a la economía circular –tomar prestado- utilizar- y reutilizar-. La temperatura del planeta ya ha aumentado medio grado entre 2020 y 2030, lo cual significa que, de no cambiar, en 2100 se cumplirían los peores augurios.
Hay que añadir otro fenómeno que, si bien comenzó a principios del milenio, se instala definitivamente en esta última década 2020-2030 –interviene otro tertuliano, una vez abierto el coloquio-. Me refiero a la economía colaborativa que impulsa la reducción de consumo. El cliente desea intervenir cada vez más en la producción del servicio. Co-crear. La frontera entre el prestador y el consumidor se estrecha. Y en este punto, el proceso de co-creación se traduce en compartir mucho y reutilizar más. Se disparan el crowdlending o crowdfunding. Proliferan las plataformas para comprar y vender directamente productos, servicios e información sin intermediarios. Se comparten los automóviles, los pisos, los aperos varios, a precios sustancialmente más baratos. Adquieren prestigio las tiendas presenciales y websites de segunda mano de joyas, instrumentos musicales, móviles, videojuegos, bricolaje, electrodomésticos, etc.

Robots en la cocina
La mesa está servida. Los robots nos invitan a sentarnos, mientras retiran sin miramientos los aperitivos y acercan la comida a cada comensal. (El almuerzo lo sirvo en una barra rodeada de taburetes. Ésta es la norma ergonómica actual. He preparado una ensalada de quinoa integral con brócoli, pimiento del piquillo y atún de primero; y un halibut con ajo y perejil. He seleccionado este pescado porque es blanco, tiene muy poca grasa y alto contenido en vitamina B3, B6 y B9; no le falta la E, de gran poder antioxidante. Además, me permite contar que cuando este pez alcanza la edad adulta traslada su ojo al lado del otro para visionar mejor a sus presas mientras descansa en el fondo del mar. Los vinos, siempre los mismos, denominación Montsant. Para cocinar todo eso, me he servido de dos herramientas: la impresión 3D, que me ha acercado las materias primas; y mi cocina robótica que me lo ha fusionado todo y lo está sirviendo sin que yo me vea obligado a trajinar nada).

En menos de 10 años, todos los coches ya son eléctricos y más baratos que en 2020 cuando se inventó lo del renting

A medida que avanza el almuerzo, las voces retumban: las intervenciones más contundentes, las interrupciones más frecuentes. Esto no cambia con las décadas, sobre todo si están regadas con un buen Montsant.

¿Sabéis por qué tardaron tanto en construir los automóviles eléctricos? – tercia otro-. Hubo boicot al avance innovador en torno a las baterías y a la incorporación del hidrógeno. Una vez Tesla se decidió, todos construyeron baterías recargables. Se encontró rápidamente cobalto más barato en Filipinas o litio en China. En cuanto al hidrógeno, pronto se descubrió su inocuidad si se trata adecuadamente y aparecieron las recargas asequibles. En menos de 10 años, todos los coches ya son eléctricos y más baratos que en 2020 cuando se inventó lo del renting.

Las innovaciones tienen varias fases –añadió otro tertuliano-. Los pioneros las descubren. Si van a favor de la industria establecida, prosperan inmediatamente. Si no, las patentes son apartadas, escondidas, relegadas. Hasta que, en fase ulterior, circulan y hacen avanzar las sociedades.

Me pregunto por qué hemos avanzado tan poco en la economía circular –interviene otro-. La razón es que la economía circular va en dirección contraria al modelo económico que creó el capitalismo. Se sustenta en dos patas, pero solamente ha desarrollado una, la del libre mercado, el individualismo y el liberalismo. Ésta conduce a la incitación al consumo, en medio de una sobreproducción de casi todo: productos, servicios, publicidad o bolsas de plástico. Despilfarramos más de un tercio de lo que producimos. Pero si releemos a Adam Smith o John Locke, aparece entre sus textos una visión complementaria del capitalismo: la de crear riqueza en el entorno.

Capitalismo consciente
Completamente de acuerdo –incide otro-. El capitalismo ha olvidado esta segunda pata tan importante como la primera: la creación de riqueza debe beneficiar no sólo a quien la promueve, sino a todos aquellos que participan en el proceso productivo: los empleados, trabajadores y proveedores compartiendo ganancias; la sociedad local, mejorando las condiciones de vida de la población; el entorno medioambiental. Por ahí va el “Capitalismo consciente” de Raj Sisodia, o, en parte, el capitalismo “verde” de Al Gore.

El capitalismo ha olvidado esta segunda pata tan importante como la primera: la creación de riqueza debe beneficiar no sólo a quien la promueve, sino a todos aquellos que participan en el proceso productivo: los empleados, trabajadores y proveedores compartiendo ganancias

¿Sabíais que Michael Porter –terció un quinto- renegó en los últimos años de su famosa cadena de valor? En vez de sacrificarlo todo al bien supremo de mejorar el margen de beneficio para el accionista, colocó una serie de contrapesos tan importantes como lo laboral, lo social, lo medioambiental.

Gareth Stedman Jones decía al respecto que Marx fue el verdadero teórico del capitalismo. Yo añado a Engels –añadió un sexto-.

Risas generales de aprobación.

Hemos comenzado hablando de la economía circular y hemos desembocado en la reforma del capitalismo –cerró el acto el ponente principal-. El hecho es que, en los últimos 10 años, la economía circular ha avanzado muy poco. Seguimos utilizando en 2030 materias primas y energías sucias más caras que las limpias si atendemos a los costos sanitarios derivados de la contaminación y de los efectos nocivos del cambio climático. ¿Quién impide el avance definitivo de la energía eólica, los paneles solares y el resto de las limpias? Lo dije hace más de 10 años y lo repito ahora: el modelo adicto al CO2 no sirve. Hay que descarbonizar la economía, impidiendo la utilización de energías nocivas –no sólo penalizándolas-. Reducir la sobreproducción. Compartir muchas cosas. Beneficiar a la sociedad local y al medio ambiente. Si no, este planeta no nos dura.

(De postre, lámparas de algodón de azúcar y diamantes comestibles de chocolate. Seguimos con el Monsant. Hemos dejado los taburetes y nos hemos trasladado a otro espacio más cálido de asientos con cojines muelles. Hace un par de horas que ha anochecido).

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