Revista de Análisis Plural

¿Por qué Milton Friedman se equivocó? El liberalismo económico, en cuestión.

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Desde que el Nobel de Economía Milton Friedman estableciera su doctrina de que «la responsabilidad social de las empresas es aumentar sus beneficios», el accionista tomó el control de la economía mundial buscando los mayores rendimientos (para aumentar la riqueza general). Hoy en día, sin embargo, es obvio que esta doctrina está dañando profundamente a las corporaciones que continúan manteniendo esta creencia. Analizando los escándalos empresariales mundiales, podemos observar que la mayoría están relacionados con errores en el juicio corporativo y, en última instancia, con el sentido restrictivo de la finalidad corporativa impuesta por Milton Friedman (y su escuela) centrada en la maximización del valor sólo para el accionista. Esta imprudencia ha privilegiado la búsqueda de las más estrechas medidas financieras de rendimiento por encima de los fundamentos, incluyendo la seguridad (por ejemplo, Boing, Volswaken, BP etc.) y los controles ambientales (Total, General Motors, Apple, etc.).

Texto: Wafa Khlif

Wafa Khlif. Phd, Profesora de Cost Management de TBS Business School.


UN MODELO ENFOCADO HACIA EL BIENESTAR
En la cultura económica, el icono que encarna una visión liberal de la economía es Milton Friedman. El liberalismo económico se construye en la (conservadora y de derechas) Escuela de Chicago, que influyó en las políticas monetarias de los Estados Unidos a partir de 1979, y que también influyó en las políticas económicas del Banco Mundial a partir de mediados de 1980. Su enfoque es el bienestar de cada individuo.
La obra Capitalismo y Libertad (1962), de Milton Friedman, ayudó a definir una visión estrecha de la libertad y la democracia como dependientes de los individuos, de las empresas y de los mercados.

UNA VISIÓN POLÍTICA Y ELITISTA DEL «MERCADO COMO ÚLTIMO ÁRBITRO»
Derivando del pensamiento de Friedman, el economista Michael Cole Jensen, especialista en eficiencias de los mercados financieros, afirma que «el mercado de valores es siempre axiomáticamente el último árbitro del bien social». Esta “observación cientifica” empujó a la economía estadounidense a llevar al extremo la financiación de las corporaciones.
El interés inmediato de cada capitalismo nacional cambia entonces por completo. Se puede considerar que las «élites» económicas nunca han perdido realmente la partida en el juego político, y no tuvieron ninguna dificultad en lanzar esta ideología que fomenta el enriquecimiento mundial, sin tener en cuenta la brecha de desigualdad que viene a acompañar esta riqueza. Así, presionaron a los gerentes (a los CEO) que les servían, manteniendo la compañía viva para extraer el máximo de rendimiento. Al dar a los ejecutivos una gran participación personal en el precio de las acciones de la empresa, los indujeron a hacer lo que fuera necesario para hacer subir (crecer) ese precio.

IMPLICACIONES REALES
Las consecuencias para la economía y la sociedad occidental de este creciente compromiso de los mercados, de las empresas y de los ejecutivos con el interés propio ilimitado fue también el aumento del desempleo, la pobreza y la desigualdad, que comenzó a desfigurar las otrora prósperas comunidades industriales.
“Las 465 compañías del Índice S&P 500, en enero de 2019, que cotizaron públicamente entre 2009 y 2018, gastaron, durante esa década, 4,3 billones de dólares en recompras, lo que equivale al 52% de los ingresos netos, y otros 3,3 billones de dólares en dividendos, un 39% adicional de los ingresos netos», afirman W. Lazonick, M.E. Sakinc y M. Hopkins, economistas del Academic-Industry Research Network. Y Europa está siguiendo este “modelo”.

Al dar a los ejecutivos una gran participación personal en el precio de las acciones de la empresa, los indujeron a hacer lo que fuera necesario para hacer subir (crecer) ese precio

LA PARADOJA DEL BIENESTAR
Esta familia de pensamiento, sin embargo, logró establecerse a finales de siglo como un verdadero sentido común. Pero, en el verano de 2008, “todo el edificio intelectual se derrumbó”, dijo Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de los EE.UU., durante las audiencias parlamentarias que siguieron al coma financiero mundial.
Ahora, como cada día parece traer un nuevo escándalo comercial, podemos ver el fatal efecto de la teoría: un sistema que recompensa generosamente a los ejecutivos por el éxito tienta a esos mismos ejecutivos, que controlan mucha de la información disponible para los interesados externos, a fabricar la apariencia de éxito. Contabilidad agresiva, transacciones ficticias que inflan las ventas, cueste lo que cueste. ¿Quién se beneficia realmente del bienestar?

CONCLUSIÓN. LA BÚSQUEDA DEL BIENESTAR O LA BÚSQUEDA DEL PODER
“Obedezca la ley y haga lo que sea que maximice los beneficios o produzca el mayor valor para los accionistas” es la respuesta estándar que dio Friedman para elevar la riqueza global y el bienestar. Esta lógica y las instituciones que la refuerzan (mercados competitivos y Estado de derecho) han transformado el mundo y han sumido en la pobreza a miles de millones de personas.
Sin embargo, la pregunta merece otro punto de vista: ¿por qué el accionista tiene que tener la prioridad sobre el resto de los actores empresariales?
La reflexión nos invita a reconsiderar el trabajo como base empresarial, siendo el capital y la empresa los actores económicos, pero que se mueven en un ámbito natural y social. Las finanzas sostenibles son las que presentan una solución real.

El beneficio empresarial como requisito de la supervivencia de la empresa

Texto: Àngels Roqueta.

PhD, socia de COMPAS PROFESSIONAL EXPERTISE SL.

Si analizamos las empresas que han liquidado, cerrado o se han visto inmersas en una situación de concurso de acreedores, en casi la mayoría de casos, su trayectoria viene marcada por: pérdidas continuadas, aumento del endeudamiento, falta de confianza de los acreedores y proveedores, falta de confianza de sus inversores y, seguramente, del mercado.
Solo determinadas empresas de carácter público o de sectores considerados estratégicos pueden sobrevivir manteniendo pérdidas continuadas. Alguna de ellas, en su información anual, en vez de “pérdidas” utilizan el eufemismo de “resultados pendientes de subvención”, y esperan que las administraciones (es decir, el contribuyente) aporten los recursos económicos para mantenerlas a flote. En ellas, los decisores políticos entienden que deben aportar recursos públicos por su función social: mantenimiento de empleos o de posición estratégica o de producto en el mercado.
En estos casos, la pregunta sería: ¿es ético que se aporten recursos públicos y, por tanto, de todos los ciudadanos, al mantenimiento de un servicio o a la fabricación de unos productos por los que el mercado no acepta pagar su justo precio? ¿Qué implicación, responsabilidad e incentivos deben tener los directivos de estas compañías para que se enfoquen o esfuercen en mejorar o cambiar esta situación?

LA GESTIÓN DE COMPAÑIAS CON ALTAS EXPECTATIVAS DE BENEFICIOS
En el polo opuesto, podemos encontrar empresas con un beneficio o unas expectativas de beneficio por encima del nivel de mercado. En estos casos, la tendencia de los gestores de fondos o de los inversores es querer participar en ellas, y, por ello, se fomentan mecanismos que incitan y fomentan su entrada como accionistas.
Estos fondos y sus directivos, que buscan la maximización del valor para sus inversores, van a querer entrar en la compañía con planteamientos financieros cortoplacistas. Su visión es entrar en la compañía, potenciar todas las acciones que hagan acelerar el crecimiento (financiero) y proceder a la desinversión/venta en el plazo de tiempo más corto posible. Y para ello, los instrumentos jurídicos del “tag along” y “drag along” forman parte del día a día de estas compañías. Esta visión cortoplacista perjudica la supervivencia de la empresa y, por tanto, de sus empleados y de los beneficios sociales que aporta vía impuestos.

CONCLUSIÓN
la búsqueda directa del beneficio particular del directivo o gerente de una empresa, en tanto en cuanto esté más alejado del entorno (laboral, social, ciudadano), más alejado estará del bien común que aportan las empresas a la sociedad.

 

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