El Banco Central Europeo está estudiando la posibilidad de emitir el euro digital. Según esta institución, será “una moneda digital, equivalente electrónico al efectivo y ofrecería una opción adicional para realizar pagos que complementaría a los billetes y las monedas”. Si los legisladores europeos adoptan la normativa necesaria en 2026, la moneda podría empezar a emitirse en 2029.
MANUEL MÉNDEZ. Decano del Ilustre Colegio de Economistas de Málaga
Hasta aquí todo parece ir bien, una nueva moneda, emitida por nuestro Banco Central Europeo, que sea una alternativa al dinero en efectivo. Pero… ¿hay algo más?
Vamos a empezar por el propio concepto de la moneda digital. No se trata, como podría pensarse, de poder realizar pagos electrónicos con euros. En las transferencias, los pagos con tarjeta o mediante bizums, movemos euros, que están en las cuentas de nuestro banco, en vez de moverlos en efectivo. En el caso del euro digital, se tratará de un “monedero virtual”, desde el que realizaríamos los pagos.
Es igualmente frecuente que se confunda el euro digital con las criptomonedas. Mientras que el euro digital será emitido y regulado por el Banco Central Europeo, las criptomonedas están descentralizadas; el euro digital mantendrá, siempre, una paridad de 1 a 1 con el euro físico, mientras que el valor de las criptomonedas puede variar al alza o a la baja como cualquier divisa.
Dicho todo esto, ¿qué ventajas e inconvenientes tiene el euro digital?
De manera muy resumida, se han venido destacando: el potenciar la soberanía europea para evitar que los pagos en Europa sigan, en gran medida, en manos de infraestructuras no europeas como Visa o Mastercard; el poder realizar transacciones sin conexión a internet; que sea un sistema gratuito y fácil de usar; menos comisiones y mayor competitividad.
Y, como desventajas, se han apuntado la pérdida de la privacidad, la posibilidad de hackeos o fraudes o la caída del sistema.
Pero, en mi opinión, no se ha resaltado suficientemente la desventaja que considero más peligrosa. Los efectos que el euro digital pueda tener sobre el sistema financiero.
Nuestro monedero digital se nutrirá de las aportaciones que hagamos desde nuestras cuentas en los bancos. En España, si solo diez millones de ciudadanos transfirieran al Banco Central Europeo 1.000 euros (el límite se ha establecido en 3.000), ello supondría una salida de 10.000 millones de fondos de nuestro sistema bancario. Es evidente que, si la banca deja de disponer de tales recursos, su capacidad para operar y prestar dinero se va a ver seriamente amenazada.
Este trasvase de fondos supondrá que el Banco Central Europeo deberá aumentar su activo para compensar los pasivos que recibe y deberá aumentar su financiación a los bancos perdiendo así su esencia, ya que el Banco Central debe velar, exclusivamente, por proteger el valor de la moneda, interviniendo sobre los tipos de interés cuando sea necesario.
Es significativo el límite que se ha establecido de 3.000 euros. Si el Banco Central Europeo quisiera que el euro digital fuera aceptado y utilizado por los ciudadanos, no establecería límite alguno. Si se limita es porque se tienen dudas sobre los efectos negativos en el sistema bancario.
Para terminar, es evidente que el euro digital no deja de ser una evolución en un entorno en el que se depende cada vez menos del dinero físico. Pero es necesario velar por el precario equilibrio entre las ventajas y las desventajas.










