En la competencia mundial entre las plazas portuarias, la verdadera batalla ya no se libra en los muelles, sino en las redes de actores.
ALEXANDRE LAVISSIÈRE. Profesor de KEDGE Business School y presidente de Logisthinker
La estrategia de atracción de los puertos se ha vuelto más compleja con la multiplicación de los actores implicados. Pero ¿quién es, en realidad, el cliente del puerto? ¿Los armadores que transportan la mercancía? ¿Los operadores fluviales, ferroviarios o por carretera en el lado terrestre? ¿O más bien los industriales para la exportación y los distribuidores para la importación, ya que sin flujos no hay transporte marítimo? Indirectamente, también hay que contar con los transitarios, que eligen el puerto de escala dentro de la cadena logística de sus clientes.
Pero esta es la historia del huevo y la gallina. Sin transporte, no hay industria; sin industria, no hay líneas de transporte. Para salir de esta paradoja, hay que pensar de otra manera, en términos de red de negocios. El puerto es una red de actores cuyos destinos están ligados.
La estrategia de atracción de los puertos se ha vuelto más compleja con la multiplicación de los actores implicados
En primer lugar, el puerto no es solo una autoridad portuaria, sino una comunidad portuaria. Su función principal es la de facilitador dentro de la comunidad de actores económicos, políticos, sociales y medioambientales.
En segundo lugar, el marketing portuario exige razonar en términos de coopetición: los actores de la comunidad son a veces competidores para ganar cuotas de mercado y, en otras ocasiones, socios para ampliar el mercado haciendo el puerto más atractivo. La competencia individual y la cooperación a nivel de la red de negocios van de la mano.
En tercer lugar, la influencia —ya sea a través de la investigación, la consultoría, la acogida de ferias, de proyectos innovadores o de centros de formación de prestigio— es un factor clave de credibilidad para una plaza portuaria. Barcelona es conocida por sus consultores en transporte, Marsella por sus másteres especializados en marítimo, el Pireo por su salón marítimo.
El marketing portuario ya no es, por tanto, una cuestión de cuotas de mercado o de simple rentabilización de las infraestructuras, basada en la aplicación de métodos heredados de los bienes de consumo de masas. Es, a partir de ahora, una estrategia compleja y sutil de animación de una red de actores. En definitiva, el puerto ya no es un activo logístico que optimizar, sino una red de negocios que animar.


La estrategia de atracción de los puertos se ha vuelto más compleja con la multiplicación de los actores implicados







