Revista de Análisis Plural

Carta a un nonato

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inmaculada lorenzana ledo.
Funcionaria, pintora y autora teatral.


Desconozco todavía qué sexo tienes o bien (según las prácticas lingüísticas actuales*) a qué género perteneces, siendo esta una cuestión importantísima para determinar qué derechos y qué obligaciones vas a disfrutar o a padecer en la mayoría de los países del mundo. A ello hay que añadir el agravante de que tú vas a nacer en un país llamado España, en donde esa cuestión sobrevuela inclemente, como ciclón devastador dirigido por los poderes públicos, sobre cada familia, cada escuela, cada empresa.

Querido bebé, si cuando nazcas resultas ser un varón, se podría pensar, en principio, que serás una persona privilegiada frente a la otra opción de ser una hembra. Verás, la mayoría de los padres se considerarán más hombres, más machos, y se sentirán más realizados por haber engendrado un chaval que seguirá transmitiendo su apellido (la elección del apellido materno es casi inexistente), y se sentirán más seguros en caso de poseer una empresa, sea esta grande o pequeña, ya que verán en ti la indubitada continuidad de ella e, incluso, un importante crecimiento de esta. Si resultas ser una hembra, por el contrario, una gran mayoría de padres, y una gran parte también de madres, se propondrán tener otro u otros hijos hasta conseguir el deseado varón. Esta es la realidad que se vive aún hoy en día, en el último trimestre del año 2022, en muchos hogares españoles y a pesar de que las mujeres directivas en empresas españolas alcanzan ya el 36%, un porcentaje que tal vez no aumente significativamente en los próximos años; si eso ocurre, será porque a las mujeres no les interese, no les compense, llegar más allá.

PREJUICIOS APRENDIDOS
Sí, mi querido bebé, incluso las madres preferimos parir hijos antes que hijas porque el instinto maternal necesita realizarse con absoluta intensidad, manifestarse en la mayor medida posible y, de ese modo, otorgamos más cuidados y protegemos más a los hijos que a las hijas; y somos más condescendientes y permisivos con los hijos que con las hijas; y juzgamos de manera más benévola los comportamientos de los hijos que de las hijas. Y esto se produce de manera evidente no solo en las sociedades orientales u otras sociedades bajo dominio de la religión musulmana, sino también en la totalidad de los países hispanoamericanos y en la mayoría de los países europeos.

¿Por qué sucede de ese modo, te preguntarás? Y la respuesta no puede ser más simple que la verdad: la hembra necesita menos cuidados porque es mucho más resistente que el varón. Y no me refiero, claro está, a la fuerza física que, en términos generales, no en personas concretas de uno u otro sexo, es mucho más poderosa en un hombre que en una mujer. Me refiero a esas capacidades que sobresalen de manera notable en las mujeres y que son innatas a su condición: son incansables, pacientes, establecen prioridades; son generosas en la valoración de los méritos ajenos; ponen orden en el caos; la justicia es siempre un objetivo implícito en sus actuaciones; las buenas maneras las hacen más eficientes; la empatía es consustancial a su mente femenina; no precisan de motivaciones externas cuando su intuición entra en acción; rechazan absolutamente las desigualdades sin causa y son sumamente generosas de sí mismas en su ayuda a los demás.

Por lo que te acabo de escribir en este último párrafo, creo que ya has descubierto que yo prefiero que seas una hembra y que me ayudes a alcanzar, como mínimo, dos de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos en la Agenda 2030, aprobada en 2015. Estos dos ODS son el número 5 y el número 10, Igualdad de género y Reducción de las desigualdades, respectivamente. Con tu ayuda, lo conseguiremos. Estoy segura.

 

Nota (*) A lo largo del siglo XX se fue abandonando la consideración clásica del sexo fuerte atribuido a los varones y del sexo débil adjudicado a las hembras, llegando a estos primeros veintidós años del siglo XXI con una ampliación considerable de tipos de sexo o de género que han provocado en la sociedad una confusa, aunque generosa, aceptación de esa diversidad que yo voy a obviar para circunscribirme a las dos opciones tradicionales y en terminología ya anticuada: varón o hembra. Voy a obviar, también, cualquier referencia a violencia entre humanos.

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