Revista de Análisis Plural

Qué hacemos con los mayores

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Se han cumplido los pronósticos de Eurostat efectuados hace diez años. En 2030, los mayores han pasado en la UE del 20 al 25% del conjunto. Las previsiones sobre la tasa de reemplazo (cotizantes por pensionista) se han superado con creces y se ha desmoronado del 1,92 al 1,50. Durante la década 2020-2030, los gobiernos han batallado para asegurar las pensiones, mantener el nivel asistencial, retrasar la edad de jubilación y reformar el mercado de trabajo. Pero, a estas alturas, todavía no sabemos qué hacer con los séniores.

JOSEP-FRANCESC VALLS. Catedrático de la URL.


A pesar de las medidas implantadas por la OMS a través del programa “La Década del Envejecimiento Saludable”, los mayores de 65 años se llevaron la peor parte entre el millón de muertes consecuencia de la pandemia en 2020. Más del 85% de los fallecidos en Europa, Estados Unidos y China superaban esa edad. Descendieron los decesos en los años siguientes, pero la proporción apenas ha variado.
–Fue horroroso ver morir a los mayores. Pero lo peor –afirma la gerontóloga invitada a la tertulia del viernes– es que diez años después de aquella pandemia, persiste todavía una fuerte discriminación hacia los mayores. Tal vez ahora no se les excluya de las UCI en favor de los más jóvenes, como en el COVID-19, pero la mentalidad colectiva los sigue considerando clase pasiva, consumidora voraz de pensiones, y estorbo social.
–Yo diría –afirma otra de las contertulias, sociolingüista, ella– que algo hemos avanzado en esta década.
–¿En qué? –espeta la gerontóloga–.
–Pues, por ejemplo, en que, ahora, este colectivo se asocia cada vez más a la palabra sénior, cuando hace una década se hablaba de mayores, ancianos, viejos, seniles, jubilados, abuelos, pasivos, carcamales… –y otras más graves, en la intimidad–, que denotan una clara discriminación.
–Tal vez los anglicismos mitiguen determinados matices de los vocablos–replica la gerontóloga, mientras todos reímos la ocurrencia–. En los primeros años de esta década de 2020, se puso de moda la recuperación del talento sénior, como contrapeso de las vergonzosas prejubilaciones a partir de los 50 años y en favor de aquellos que, al cumplir la edad oficial de jubilación, se consideraban con iniciativa para seguir ofreciendo algo productivo a la sociedad.

Por la pantalla 3D, y por los móviles, desfilan los primeros informes sobre las causas del alargamiento de la longevidad. Un gráfico excel cruza datos sobre la esperanza de vida. Eurostat la sitúa en 2030 dos años por encima de la de 2020, que fue de 81 años

LAS CINCO CARPETAS
Enciendo el ordenador. He preparado cinco carpetas. En ellas he incluido una serie de estadísticas e informes seleccionados a través de una web interactiva de código encriptado que un grupo de viejos profesores vamos alimentando. Sobre la longevidad; sobre la edad de jubilación; sobre las pensiones; sobre la integración social y laboral de los mayores; y sobre los cuidadores y personal geriátrico.

1.Longevidad, 90 años. Por la pantalla 3D y por los móviles desfilan los primeros informes sobre las causas del alargamiento de la longevidad. Un gráfico excel cruza datos sobre la esperanza de vida. Eurostat la sitúa, en 2030, dos años por encima de la de 2020, que fue de 81 años. Esa misma fuente constata que ahora ha alcanzado los 90. Dos caras de la moneda. Una, los extraordinarios avances en la medicina predictiva y personalizada de base genética y epigenética, en la nutrición, la reducción del tabaco y del alcohol, el control del cáncer, las enfermedades cardiovasculares y del sida, la incentivación a la movilidad, al deporte y a la actividad al aire libre, y la mejora del medio ambiente, unidos a la ausencia de guerras y catástrofes naturales durante estos años, han dado sus resultados. Dos, una cuarta parte de los mayores de 60 años sufre trastornos neuropsíquicos, la demencia y la depresión unipolar se han duplicado en la década, el alzhéimer afecta ahora a dos de cada mayor de 65 años, y resulta muy difícil equilibrar su estado emocional.

2.Edad de jubilación, nebulosa entre los 60 y los 90 años. A mitades de la década se erradicaron en la UE las prejubilaciones como consecuencia del cerrojazo a todo tipo de ayudas. Sin embargo, la edad de jubilación no se ha retrasado y se sitúa en 67 años, y aumentan muy despacio las fórmulas de jornadas laborales más reducidas. Entre los 60 y los 90 años, aparece una nebulosa que crece y crece, abarcando a un colectivo cada vez más válido que va desde los pasivos pasivos a los pasivos activos. En medio, millones de personas que se mueven entre el derecho al descanso total o parcial y a seguir produciendo.Sigue sin respuesta la pregunta que planteó el Nobel de Economía Christopher Pissaridis, en 2010, sobre cómo tratar el trabajo más allá de la edad de jubilación.

Es media tarde. El robot se ha auto programado. Suena Couperin. Trae dos bandejas. Una grande, con café, infusiones, te y cacao, según demanda mental. Otra, con las barritas de cereales. Y, cómo no, lámparas de algodón de azúcar y diamantes comestibles de chocolate, la última moda. Descansamos un poco. Regresan las cifras a la pantalla.

3.Pensiones, a tramos. La ratio de cotizantes por pensionista en la UE, en 2020, era de 1,92; había decaído bruscamente como consecuencia de la pandemia, pero la curva se sigue desmoronando: la tasa de reemplazo, en 2030, se sitúa en 1,50. Por su parte, la de natalidad no aumenta ni mucho menos al mismo ritmo de la población jubilada: de los 2,80 hijos por mujer, en España, en 1976, a los 1,31, en 2020, al 1,00 en 2030, y no se trata de la cifra más baja de Europa. Es cierto que, durante la década, los países se están replanteando la doble política de incentivo a la natalidad y de impulso a la inmigración deseada. A pesar de que las pensiones contributivas han salido de la seguridad social, la presión acucia sobre los sistemas sanitarios y las pensiones. Persiste el sistema de reparto. Pocos países se han atrevido a modificarlo.

La ratio de cotizantes por pensionista en la UE, en 2020, era de 1,92; había decaído bruscamente como consecuencia de la pandemia, pero la curva se sigue desmoronando: la tasa de reemplazo, en 2030, se sitúa en 1,50. Y la natalidad no aumenta ni mucho menos al mismo ritmo de la población jubilada

Varios informes irrumpen en la pantalla.

–Los países que mantienen sistemas de reparto no se atreven a reformarlos –interviene el actuario amigo–. Buscan el reequilibrio entre los ingresos vía cotización y el número de perceptores. Pero, por mucho que se empeñen, los números no salen ni a corto ni a medio ni a largo plazo. Todo conduce a una fórmula mixta lo más transparente posible. En Suiza, se implantó hace cincuenta años y funciona perfectamente. El primer tramo es una pensión mínima pública. El segundo consiste en el cúmulo de las cotizaciones de trabajador y empresa a lo largo de la vida laboral, que éste se lleva en el momento de la jubilación. Y el tercero es de aportación privada nutrido por cada individuo.
–En Suecia –añade la gerontóloga–, resulta bastante parecido. El primer tramo es público también. El segundo se nutre de las contribuciones de empresas y trabajadores, un 16% del salario, que se revaloriza anualmente. Y el tercero se financia también al alimón, y representa el 2,5% del salario, es de capitalización directa y lo gestionan las empresas privadas. Cada uno elige la edad de retirar su bolsa.

4.Integración social. A raíz del COVID-19, se produjeron importantes mejoras asistenciales en las residencias geriátricas. La UE tomó cartas en el asunto y marcó la dirección, incentivando centros de menor dimensión, asistencia más personalizada, cercanía a las familias, hospitalización adecuada. Los objetivos eran claros: dotar los geriátricos de mejores medios, hacer más activos a los mayores para mantener la mente abierta y darles proyección social.

En diez años se ha avanzado muy poco en la profesionalización geriátrica, en la introducción de las tecnologías digitales en los centros para mayores y los salarios promedio de sus trabajadores permanecen entre los más bajos

–Quiero exponer mi experiencia en una promoción de pisos que realicé en el Levante con fondos de Next Generation EU –aporta el constructor tertuliano–. Dediqué una zona de la urbanización a construir apartamentos para mayores, el 20% del total, unos doscientos. Estaban integrados en el conjunto, pero disponían de autonomía total de servicios. Los que más éxito han obtenido son los de alquiler de seis meses durante la temporada de invierno; y se ocupan todos. Los mayores crearon una comunidad que movilizó a todos los habitantes de la urbanización y del pueblo. Gestionaron incluso una antigua plaza de toros desmovilizada para las corridas. Yo me compré un piso allí.

5.Cuidadores, hacia la profesionalización definitiva. El COVID-19 dejó en evidencia la descapitalización de los servicios sanitarios para los mayores. La gerontología avanza, pero a un ritmo bastante inferior que la pediatría, o que la investigación del cáncer, de las pandemias o incluso de la neuropsicología. Los informes que se deslizan en la pantalla y en los móviles lo ratifican. Las pensiones medias en la UE se incrementan levemente, en torno a los 1.200 euros netos. Estamos hablando de un colectivo no excesivamente rico, poco capaz de atraer inversiones que no sean públicas. Por esta razón, en diez años se ha avanzado tan poco en la profesionalización geriátrica, en la introducción de las tecnologías digitales en los centros y los salarios promedio permanecen entre los más bajos.

Se acaba la tertulia. Todos los puntos tratados quedan encima de la mesa para la próxima reunión.

 

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