Revista de Análisis Plural

Planificar el relevo

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Uno de los demonios que atacan a la continuidad de las empresas familiares es el de la improvisación, que consiste en, amparándose en las urgencias del día a día, ir posponiendo a calendas griegas temas importantes, como el del relevo.

Jordi Tarragona. Consejero de familias empresarias. Profesor de UVIC-UCC.


En las empresas familiares deben planificarse tres relevos: en la propiedad, en la dirección y en el liderazgo familiar; y no tienen por qué coincidir ni en el momento ni en la persona.

En el relevo intervienen varios personajes:

• Los predecesores: ¿morirán con las botas puestas? ¿De que vivirán si dejan de trabajar o traspasan la propiedad en vida? ¿Qué harán si están acostumbrados a trabajar 24/7?
La empresa: “cada maestrillo tiene su librillo”. ¿Qué cambios hay que hacer en los sistemas de decisión y control, y en las estructuras? Los estilos y capacidades de predecesores y continuadores serán diferentes.
La familia: ¿cómo reaccionará cada uno de los integrantes de la familia ante la planificación y la realización del relevo?
Los continuadores: ¿cuántos serán? ¿Están capacitados? ¿Están interesados? ¿Serán activos o pasivos? ¿Por qué continuarán unidos?

Normalmente el relevo no es un instante, sino un proceso en el que predecesores y continuadores conviven; lo que no siempre es fácil, sobre todo en el caso de fundadores. La preparación del proceso, estableciendo hitos y calendario, ayuda a realizarlo con éxito. En él hay que recordar que “lo que es bueno para la empresa a la larga es bueno para la familia”. Un elemento esencial es la comunicación sincera entre todas las partes implicadas, lo que en algunos casos puede significar poner a la luz conflictos. En toda relación humana están presentes los sentimientos, y la empresa amplifica, para bien y para mal, los de la familia empresaria.

Los buenos empresarios prevén el futuro y planifican cómo superar con éxito los retos. Puede utilizarse ayuda exterior, pero las decisiones corresponden a la propiedad. La planificación no garantiza la felicidad, pero aumenta su probabilidad.

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